Domingo 18 del T.O. Ciclo B

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El pueblo camina por el desierto y fácilmente cae en la queja.

La primera lectura de Ex 16,2-4.12-15, nos muestra ese momento en que aparece la murmuración contra Moises y contra el propio Dios. En el fondo, el verdadero problema no es la falta de alimento o agua, sino la duda: ¿Está el Señor en medio de nosotros o no? (Ex 17,7) El relato recuerda cómo Dios condesciende una y otra vez ante la dureza de su pueblo, pero no impone, sino más bien, exhorta, amonesta. Quiere y espera del hombre una respuesta libre y amorosa y es que entender la fe como encuentro personal con el Dios providente y solícito no es tarea fácil y esto es lo que el pueblo tuvo que aprender en el desierto. De hecho, más tarde se hizo del desierto un lugar preferido porque en él se experimentó la cercanía de Dios y en él se cumplimentó la Alianza. El mana aparece como respuesta a esas protestas y murmuraciones y signo de la solicitud de Dios, también, prueba que garantiza la misión de Moises como enviado de Dios, para salvar al pueblo. 

La segunda lectura es de Efesios 4,17.20-24 en ella, San Pablo analiza la tarea del cristiano, contraponiendo la situación pagana con la cristiana. Nos recuerda que el cambio para ver y entender el mundo de un modo nuevo es una gracia y a su vez, algo que el mundo necesita. Nos viene a decir que el Evangelio nos permite un cambio de mentalidad y no un cambio de casa. Debido a ese cambio de mentalidad, el Evangelio favorece y posibilita la verdadera humanización que el mundo necesita. Esto no es otra cosa que posibilitar un volver a los orígenes, al proyecto original de Dios, al hombre creado a su imagen. Abandonar la vida pagana, consiste en adoptar una conducta de vida conforme al proyecto de Dios y a su voluntad y esto no procede de nosotros, sino que es un don de Dios (Ef 2,8). La verdad que el creyente recibe con la fe cristiana  no le aleja del mundo, sino que le permite asumirlo e interpretarlo desde la fe, esto supone un verdadero compromiso con el hombre y un vivir la vida verdaderamente humana.

El Evangelio es de Juan 6,24-35. Tras la multiplicación de los panes, el evangelista alude a la búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre, lo que el aprovecha para desenmascarar una mentalidad demasiado material y proclama la diferencia entre el pan material corruptible y el que nos da la vida eterna (v, 27). De hecho, los padres, comieron   el mana y murieron. En cambio, el que come del pan traído por Jesús, que es él mismo, vivirá para siempre. Jesus que ha bajado del cielo es el que da la vida al mundo. El mana era una imagen, una prefiguración, pero no procedía del cielo. Jesús es en cambio, verdadero mana que viene de lo alto y consecuentemente, sí puede darnos la vida que perdura. La muchedumbre parece haber comprendido cuando dice: «Señor danos siempre de ese pan». Pero en realidad, no comprende el valor de lo que pide, entonces Jesús precisa: «yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre». El es el don amoroso hecho por el Padre a cada uno de nosotros y es la Palabra que hemos de creer: quien se adhiere a él da un sentido a su propia vida y consigue su propia felicidad.

Fiesta de SanTiago Apóstol (En España)

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«Jacob» en hebreo. Jacobo en griego o latín. Era  Santiago “el hermano de Juan”, “el hijo de Zebedeo, Santiago, el mayor”  judío de Galilea, nacído en la orilla norte del lago. En la cercana ciudad de Cafarnaúm . Con su hermano Juan trabajaba en la pesca con su padre Zebedeo, asociados con otros dos hermanos: Pedro y Andrés.

Cuando Jesús les dijo: “seguidme”, lo dejaron todo. aquello les pareció fascinante, pues Jesus los llama para formar parte de un grupo especial de DOCE para:

1. Ser su grupo de acompañamiento, algo así como sus más estrechos colaboradores “para que estuviéramos con Él” (Mc 3,14). Estar con él. Eso es ser discípulo.

2. Para  llevar su mensaje, ser Testigos de lo que vivieron y así ser discípulos

3. Para encarnar  y simbolizar el nuevo Pueblo de Dios, como las doce tribus del antiguo Israel y formar una nueva comunidad fraterna, de discípulos, en comunidad.

Santiago junto con Pedro y juan, fueron testigos excepcionales de los momentos más importantes de Jesús. Entre otros: la resurrección de la niña Tabita (Gacela). Allí quedó patente  el PODER de Jesús sobre la muerte,  y que su REINO era un reino de vida.

El  destello de su divinidad en el monte Tabor.  Su GLORIA, en la Transfiguración: manifestando que era realmente DIOS, a pesar de su humilde aspecto.

También fueron testigos  de su angustia ante la muerte, en el Huerto de los Olivos, profundamente HUMANO.

Los tres momentos juntos revelan el misterio de Jesús en su totalidad.

A Juan y a Santiago se les conoce como: los “HIJOS DEL TRUENO” He aquí  tres situaciones en las que su ímpetu fue exagerado:

El exorcista desconocido (Mc 9,38-40). Increparon duramente a un desconocido,  que expulsaba demonios, sin ser de los discípulos y Jesus los reprendió

El rechazo samaritano (Lc 9,52-56). Otro día pidieron  fuego del cielo para acabar con una aldea samaritana que no les había recibido. Una vez más Jesus les reprendió.

El Evangelio que hoy leemos La petición de los primeros puestos (Mc 10, 35-41). Aquí la reprimenda no solo fue de Jesus sino de todos los demás.

Pero a pesar de ese ímpetu, cuando Jesús fue prendido en el huerto, lo dejaron completamente solo; refugiándose en el Cenáculo, cerrando las puertas a cal y canto. Pero enseñados por Jesús, aprendieron a reconocer y aceptar la propia fragilidad,  debilidad, e imperfección. ¡Todo esto fue fundamental a la hora de construir la comunidad cristiana…!

Pero tras pentecostés se lanzaron a anunciar por todas partes la Buena Noticia de la Resurrección.

Herodes Agripa I, queriendo contentar a los judíos, molestos con el éxito de su predicación, decidió dar un escarmiento a la comunidad cristiana …y en los años 41-44, decapitó a Santiago. Pero como Jesús, también resucitó. Y al igual que Jesús sigue vivo alentando nuestra vida y nuestro peregrinar por este mundo

… En SANTIAGO de COMPOSTELA nos recuerda que ser persona y ser discípulo significa siempre caminar. Porque Jesús quiso ser EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA.

La fuente puede verse aquí

Domingo 17 T.O. Ciclo B

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A lo largo de la Escritura se da una constante y es que la necesidad de las personas prevalece sobre el sentido sagrado de las cosas. La primera lectura es de 2 Reyes 4,42-44 y nos presenta a Eliseo en esta línea, pues, aunque se le ofrecen los panes de las primicias, hay un grupo de personas mas o menos numeroso, que necesita alimento y el profeta entiende que la alimentación de esas personas es anterior al respeto debido a las primicias; y es que hoy como ayer, la persona es un valor superior al rito y a las normas. Mas aún, la orden dada por Eliseo de repartir el pan no es un atrevimiento ni una provocación, sino la expresión visible de que es un profeta que actúa en nombre de Dios y con la convicción de que Dios no anula la aportación del hombre, sino que más bien cuenta con ella, la utiliza y la supera cuando hace falta. Dios interviene, pero a través de la mediación humana.

La segunda lectura es de San Pablo a los Efesios 4, 1-6 y corresponde a la parte parenética o exhortativa, es decir, para conducir la vida. Concretamente lo que persigue el Apóstol es que pueda darse la unidad en el seno de la comunidad. Unidad que es consecuencia de la nueva identidad cristiana y siguiendo, por tanto, el ejemplo de Jesús: humildad, amabilidad, paciencia, amor que se hace cargo de la debilidad del otro, solicitud por la construcción de la paz. Estas son las virtudes que hacen visible y realizable la unidad de la comunidad y dan testimonio de que el Espíritu es el que la anima, ya que no son sino los frutos del Espíritu. La unidad de la Iglesia es un efecto o resultado de la comunión que existe en la Trinidad. La Iglesia anuncia, así como única meta, la esperanza que todos necesitamos, esto es que el amor fraterno es posible cuando experimentamos el amor que Dios nos tiene.

El Evangelio es de Juan y en él se nos revela Jesús como el pan de vida. En el marco de la Pascua Judía, Jesús sube al monte con sus discípulos seguido por la muchedumbre, atraída por las obras extraordinarias que realiza. En este contexto perpetra el milagro de la multiplicación de los panes y los peces. Es él quien toma la iniciativa de dar de comer a todos, quien distribuye los panes y quien se pone a servir, siendo el primero en dar ejemplo para que sus discípulos aprendan a hacer lo mismo. Podemos ver en el transfondo la imagen de la última cena, la verdadera y definitiva pascua de Jesús, durante la cual tomó y distribuyó el pan después de haber dado gracias al Padre y que no se narra explícitamente en el Evangelio de Juan.

Jesus, al multiplicar los panes y los peces ofrecidos por un niño, da por una parte, una respuesta a las objeciones de Felipe y Andres, a cerca de la falta de alimento; es la respuesta del amor generoso y solidario que a partir de algo, aunque sea poco, pero ofrecido y compartido, sacia la necesidad de cada uno y llega a todos.

Por otra parte, los judíos esperaban del Mesías que renovaría los prodigios realizados en la travesía del desierto por medio de Moises. El Mesías sería un nuevo Moisés y la gente al ver lo realizado, considera que él es el Mesías-rey, un Mesías nacional- político, pero entonces, él se retira al monte para tomar así distancia de esa mala comprensión de su mesianismo. De este modo, nos indica en primer lugar, que su realeza no es de este mundo y en segundo lugar, que el anuncio del Evangelio, es la respuesta a las necesidades más profundas del hombre.

Domingo 16 del T.O. Ciclo B

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Contra los reyes y los falsos profetas dirige Jeremías 23,1-6 en la primera lectura sus oráculos. A los reyes, porque su comportamiento personal y su forma de gobernar el pueblo no es la apropiada y a los falsos profetas, porque anuncian falsa paz y falsa prosperidad en un momento de gravísima crisis y peligro.

Israel, hereda la imagen del pastor de otros contextos y de otros pueblos, referida a aquellos que gobiernan y la aplica en primer lugar a Dios y a los reyes, en cuanto representantes de Dios, pues no hay que olvidar que el rey de Israel es Dios. También los profetas, participan de esta cualidad de pastores.

El profeta Jeremías insiste en la justicia, en cuanto que es la síntesis de las relaciones con Dios y con los demás, que conlleva el respeto, el bien común y una actitud de cara a Dios sincera. Pero al no hacerlo, Dios mismo asumirá la guía del pueblo, y así lo vemos realizado en Cristo, buen pastor y los pastores serán ahora, los que en nombre de Cristo promueven relaciones justas entre los hombres y entre los hombres y Dios. Están al servicio de Dios y no de sí mismos.

La segunda lectura es de Efesios 2,13-18. Después de hablar del designio salvífico establecido por el Padre en Cristo, Pablo, invita a los cristianos de Éfeso y los anima a que caigan en la cuenta de su nueva condición. Hasta la venida de Cristo, los judíos dividían al mundo en dos partes: judíos, pueblo de Dios llamados a la salvación y gentiles, malditos y alejados de la salvación, pero Cristo, es el buen pastor que ha traído la paz y la comunión destruyendo fronteras y muros de separación. Y ello por medio de la cruz, que es en el plano histórico salvífico, el acontecimiento central de la reconciliación, de forma que, por él, judíos y paganos forman parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. Por él hemos accedido al Padre y estamos animados por el único y mismo Espíritu, de modo que el cristiano, se siente llamado a fomentar la unidad y a evitar la división por razones culturales, económicas, raciales, sociales o religiosas.

El Evangelio es de Marcos 6,30-34. En él, Jesus, invita a los suyos a retirarse para orar, como él solía hacer muchas noches y así introduce también el episodio de la multiplicación de los panes. Una escena que nos invita a pensar en los futuros pastores, en comunión con el buen pastor. Jesús es realmente el modelo de pastor, pues se encarnan en él todas las cualidades que se esperaban del rey-pastor, como son: rectitud, fidelidad al proyecto de Dios y sobre todo la misericordia. Misericordia que no es debilidad, sino mirada amorosa; solicitud, es decir cuidado y generosidad en el respeto a la libertad de cada uno. Esto es, un ejercicio del poder entendido como servicio. Estas son las prerrogativas del guía auténtico, que está dispuesto a dar la vida por los demás y a compadecerse, padecer-con ellos. De aquí se desprende que, si Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

15 del T.O. Ciclo B

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La Palabra profética no siempre estuvo en manos de verdaderos representantes. La primera lectura nos muestra el enfrentamiento entre Amasías, que representa el culto oficial de la Corte y Amós que no está sometido a estas ataduras y habla con libertad lo que Dios le ordena.

En Betel, Amós es un extranjero indeseado, porque su palabra pone en peligro las instituciones del reino y por ello es expulsado, a lo que responde con una afirmación del origen divino de su propia actividad profética: él no es profeta ni por descendencia ni por necesidad económica, sino solo a causa de la llamada recibida de ser portavoz e intérprete de la verdadera voluntad de Dios y de sus planes, que por lo general contrastan con los de los hombres. El verdadero profeta, se somete al designio de Dios y a sus planes que miran siempre hacia el bien común, de ahí que sea también el hombre de la escucha.

Este plan de Dios se concreta en Jesucristo. La segunda lectura es de Efesios 1,3-14, nos muestra el gran himno cristológico que abre la Carta. Jesucristo es el arquetipo y el artífice del plan eterno de Dios. Todo tiene lugar en él y por medio de él. Los creyentes están así insertos en una realidad dinámica, no estática: la vida del creyente en Cristo está en un continuo devenir, es decir en un continuo proceso de liberación llevada a cabo por Jesús a quien pertenecemos por el bautismo, y el cual nos abre a la esperanza, virtud teologal que tiene como objeto la bondad de Dios, se apoya en su poder y solo es colmada en su posesión final. Se basa en la certeza de Dios, presente en medio de nosotros y posibilita la felicidad ya en este mundo, según las bienaventuranzas, aunque inmersos en el sufrimiento y angustias de nuestro mundo.

El Evangelio es de Mc 6,7-13. En él, Jesús, después de haber visto la resistencia que había encontrado en Nazaret a causa de la incredulidad de sus habitantes, no solo sigue su actividad, sino que la prolonga asociando a los doce a la misión, indicándonos que el discípulo es no solo el que ha sido llamado por Jesús sino también, el enviado por él a la misión. En un mundo, como el nuestro, en que parece que Dios guarda silencio en sus llamadas, es necesario recuperar la seguridad de que Dios sigue llamando a cada uno y a cada una para la tarea que él le asigne. Ahora bien, Si Jesús llama libremente a los que quiere, también pone las condiciones para llevar a cabo la misión.

La sobriedad, que forma parte del estilo de vida del misionero, es parte del anuncio pues proclama la confianza en la Palabra que le ha enviado y cuyo valor está por encima de cualquier tipo de riqueza. La llamada es un signo de confianza del Maestro. Es necesario, hoy como ayer, evangelizar para que el hombre conozca la Buena noticia, esto es, que la vida del hombre sobre la tierra tiene sentido. Así se nos dice que expulsaban muchos demonios; es decir, todo lo que nos impide vivir como auténticos hijos de Dios.

14 Domingo del T.O. Ciclo B

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A lo largo del Antiguo Testamento, El Espíritu de Dios se haya con especial fuerza en los profetas. La primera lectura es del profeta Ezequiel 2,2-5. Nos muestra la vocación del profeta y su capacitación por el Espíritu para desempeñar su tarea, pese a que en esta tarea se va a encontrar con fuertes resistencias. A la acción de Dios corresponde por parte de Ezequiel permanecer a la escucha: a la Palabra le corresponde la escucha, pero ya desde el desierto, después de la liberación de Egipto, no ha sido fácil. De hecho, el rechazo, la oposición e incluso el enfrentamiento, fueron casi permanentes. El profeta aparece entonces como signo de contradicción, como piedra de tropiezo para los que corren hacia su propia ruina, pero Dios y su profeta siguen adelante con la misión. Su Palabra es viva y eficaz y ha de ser proclamada tanto si es acogida como si no lo es, pues el mundo y la Iglesia necesitan esta Palabra que ha de ser proclamada siempre y en todo lugar.

La segunda lectura es de 2 Corintios 12,7-10. Aquí Pablo nos habla de la fuerza en la debilidad. Debilidad que él entiende siguiendo el modelo de la debilidad del Señor, pues del mismo modo que la cruz produce escándalo, también la fragilidad humana del apóstol, descrita en forma de persecuciones, insultos, divisiones en la comunidad, enfermedad, angustia, puede provocar una reacción de desconfianza y miedo por parte de los corintios. Si bien la fuerza del Evangelio lleva todo el poder de Dios que garantiza su eficacia, Dios ha decidido a lo largo de la historia de la salvación y de manera especial en los elegidos que esta fuerza se realice por medio de la colaboración total y generosa por parte del hombre sin olvidar su propia debilidad. El esquema de las bienaventuranzas nos muestra bien a las claras esto, al decirnos que se puede ser feliz a pesar de las dificultades y aparentes fracasos. En el fondo no es sino seguir el modelo de Cristo que se dejó crucificar en su débil naturaleza humana, pero está vivo por la fuerza de Dios. De este modo, cuando somos débiles al compartir su debilidad, nos hacemos capaces de compartir su vida divina. Cristo se ha hecho débil por nosotros, para que nosotros en nuestra debilidad lleguemos a ser fuertes y alegres al compartir sus padecimientos. Este no es solo el lenguaje de las bienaventuranzas, sino de toda evangelización y de toda vida cristiana que se precie de serlo.

El Evangelio es de Marcos 6,1-6, nos muestra el rechazo de Israel hacia la revelación de Dios en Jesucristo, concretamente se hace referencia a los más íntimos de Jesus, la gente de su propia tierra, de su casa, lo que nos indica que no es fácil llegar a comprender a Jesús pues su personalidad humana, escondía otra realidad que era preciso descubrir. He ahí su extrañeza, que aquellos con los que había pasado su vida, no captaron ni intuyeron quien podía ser Jesús. Este interrogante que queda abierto, culminará con la solemne confesión por parte de Pedro en Cesarea de Filipo, como escuchábamos el domingo pasado.

El Escándalo siempre estará provocado esencialmente por la manifestación del poder de Dios en una forma frágil, débil. En el centro está la lógica de la cruz, que da un sentido definitivo a la historia de todos los pobres de la tierra, pero esta historia no termina en la cruz, ya que el sepulcro no se queda cerrado, sino que se abre de par en par, para dejar salir la vida para siempre y así es como ha querido salvarnos Dios.

13 Domingo del T.O. Ciclo B

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Dios ha creado al hombre para la vida y la muerte no procede de él. La primera lectura es del libro de la Sabiduría 1, 13-15; 2,23-25. Este texto se hace eco del Génesis, en donde encontramos el verdadero proyecto de Dios que nos llama a la vida, pero ese proyecto quedó truncado por el pecado y su fruto que es la muerte. Pero la muerte no forma parte de la estructura esencial del hombre, sino que su estructura, le lleva más bien a la vida y a la inmortalidad, como nos recuerda Jesús cuando los saduceos le preguntan a cerca de la eternidad, a lo que responde, que seremos como ángeles de Dios y destinados a la resurrección. La muerte es siempre algo extraño al hombre, que le esclaviza. Pero Dios nos da la posibilidad de acoger la vida si miramos la cruz y vemos en ella la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte. Esa lucha entre la vida y la muerte, de la que Cristo sale vencedor, es la que experimentamos cada uno de nosotros en nuestro corazón.

La segunda lectura es de 2 Corintios, 8,7-9.13-15, en ella Pablo, desarrolla el motivo de la colecta en favor de los hermanos necesitados de la Iglesia de Jerusalén, para ello es importante lo que afirma a cerca de Jesucristo: «Pues ya conocéis la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual siendo rico se hizo pobre, por vosotros, para enriqueceros con su pobreza». Así pues, el acontecer de la vida de Jesús, nos enseña que la vida es fruto del expolio de sí mismo y que la resurrección se da a través de la muerte. Quiso compartir con los pobres libremente, despojándose de su riqueza por ser Dios y fue realmente pobre, siendo realmente rico. El compartir cristiano encuentra aquí toda su fuerza y hacerse pobre compartiendo, es motivo de bienaventuranza, de felicidad.

El Evangelio es de Marcos, 5,21-43 y nos muestra que Dios es un Dios de vivos y Jesús no solo tiene poder sobre la enfermedad (la curación de la mujer con flujos de sangre), sino que también lo tiene sobre la muerte. La oferta de Dios llega por tanto hasta el límite entre la vida y la muerte y su poder se manifiesta eficaz, incluso en la propia muerte. Frente a los que consideran que la muerte tiene la última palabra, y de que no hay nada en este mundo más seguro que la muerte, las palabras de Jesús nos resultan absurdas, si no es que estamos dispuestos a confiar en él como Jairo y a poner toda nuestra confianza en su amor que no decepciona. Por una parte, están los que impiden la ida de Jesús a la casa de la niña y por otra parte la decisión de Jesus de ir. Solo el que tiene fe en la Palabra del Señor, puede contemplar el milagro de la vida. Por otro lado, está el que considera esto como algo absurdo, quedándose a su vez, prisionero de la muerte, una muerte para la que no hay resurrección. Solo el amor compartido en la solidaridad concreta, es lo que nos permite participar en el don de la resurrección.

Después de resucitar a la hija de Jairo, Jesus insiste en que le den de comer. También hoy nosotros, después de escuchar las palabras de Jesus se nos da él mismo, como alimento, para que nuestro morir sea un dormir y para que no tengamos miedo a la muerte como tampoco tenemos miedo al dormir.

12 Domingo T.O. Ciclo B

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El mar, en la antigüedad era símbolo del enorme poder de la naturaleza y consiguientemente de un misterio profundo e impenetrable, pero también de un mundo amenazador y destructivo. La primera lectura nos presenta un breve fragmento del libro de Job 38,8-11, que podemos leerlo desde el Evangelio de hoy (Jesús que calma la tempestad) o desde su contexto originario.

El texto, nos permite reflexionar sobre el sentido del sufrimiento y del mal entre los hombres. El autor de este libro se encuentra ante una grave dificultad consistente en que los criterios retributivos antiguos (los buenos tienen muchos bienes en cambio no así los impíos) no satisfacen, pero aun teniendo la habilidad de plantear el problema no alcanza a resolverlo.

Igualmente, nos invita a reconocer el señorío de Dios sobre la naturaleza, de manera que el creyente que reconoce este señorío de Dios, queda libre del miedo que conduce a la idolatría y que implica la sumisión a las fuerzas naturales. De este modo, el creyente puede invocar el nombre de Dios y abandonarse con confianza a su señorío protector.

La segunda lectura, es de 2 Cor 5,14-17 y nos enseña a vivir para Cristo, que ha muerto y que ha resucitado por todos y no para nosotros mismos, ello implica, cambiar de mirada, es decir, pasar de las relaciones instrumentales, guiadas por la consideración de los otros sólo como medios para nuestros fines, a unas relaciones basadas en el ser, en la acogida de los otros como valores, como personas que tienen una dignidad inalienable. De este modo, el que vive en Cristo es una nueva creación, de modo que las riquezas de la antigua creación rota por el pecado, como son la armonía del hombre consigo mismo, con los demás, con todo lo creado y con Dios, ha sido restaurada por Cristo al darnos la filiación adoptiva, que nos hace por la fuerza del Evangelio, capaces de luchar contra el mal a base de bien.

El Evangelio es de Marcos 4,35-40. Nos permite centrarnos en la pregunta: ¿quién es Jesús? Para ello se nos recuerda las aguas del Éxodo, donde Dios se reveló a su pueblo a través de Moises. Jesús se revela ahora como el verdadero Salvador. Los milagros son un anticipo significativo que nos muestran quien es Jesús, y pese a que los apóstoles se han dirigido a Jesus, en medio de la tempestad, este les reprocha su falta de fe, pues lo que les mueve ha sido el interés por obtener algo. Algo así nos ocurre también a nosotros, que tenemos todavía una fe imperfecta y que pide milagros. La conclusión es que solo la muerte y la resurrección de Jesus, pueden afianzarnos en la fe verdadera, de que es posible la aparición de algo nuevo en la historia humana lo que nos compromete a construir también un orden diferente de relaciones, liberadas de todo tipo de miedo en el interior del propio mundo.   

11 Domingo del T.O. Ciclo B

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Dios es el gran protagonista de la historia. He ahí la gran lección que nos dan las lecturas de este Domingo.

La primera lectura es del profeta Ezequiel 17,22-24, se sitúa en el momento de la destrucción de Jerusalén y su posterior ministerio en Babilonia con los repatriados. En ella encontramos una promesa de futuro apoyada en la fidelidad, el poder y el amor de Dios, que a pesar del pecado es capaz de ofrecer al hombre un futuro diferente y nuevo. Su amor y su misericordia está por encima de todo. Este es el núcleo del texto, que se completa con la afirmación final: «y sabrán todos los árboles del bosque que yo el Señor, humillo al árbol elevado y exalto al árbol pequeño». Esto nos recuerda la imagen evangélica evocada por Lucas en el Magníficat, el cántico de María, del Dios que «derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes» (Lc 1,52) o el dicho de Jesús: «el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado» (Lc 14,11).

La segunda lectura es de 2ª Corintios 5,6-10. San Pablo, nos recuerda que la perspectiva del que ha optado por el seguimiento de Cristo está más allá de la dimensión terrena. De ahí que nuestro habitar en el cuerpo sea como si viviéramos en un exilio y lo que adquiere relevancia mientras tanto, es la fe y por tanto, la confianza, que nos lleva a esperar.

De ahí brota la necesidad de serle gratos, no tanto por nuestros méritos cuanto, porque hemos puesto nuestra vida bajo su mirada, esto es, actuar con fidelidad a su persona y a su Evangelio.

Por último, el comparecer ante el tribunal de Cristo, más que engendrar ansia o miedo, es la conclusión de una vida vivida en el abandono en Dios, sabiendo que el dictamen final de nuestra actuación está en manos de Jesús, juez universal.

El Evangelio es de Marcos 4,26-34, en donde reúne un grupo de parábolas que tienen como idea común el crecimiento. Hoy vemos la del grano que cae en tierra y la del grano de mostaza. Si Jesús, dijo que el Reino de Dios había llegado, estas parábolas nos indican que esta llegada es de forma germinal y está en desarrollo. La misma seguridad que tiene el labrador de que después de una larga espera recogerá su fruto, así ocurrirá con el Reino de Dios. No hay que precipitar la hora decisiva que con toda seguridad llegará, libremente, inevitablemente. Pero es Dios el que obra en la historia, a pesar de que las apariencias digan lo contrario. La realización de su Reino no depende de nuestra eficacia, ni de nuestros programas o de nuestras obras, sino de una escucha atenta de la Palabra de Dios y de la disponibilidad para dejarla crecer en nosotros. Nuestra actuación es necesaria, pero ésta no brota de nuestro deseo o de nuestras ganas, sino de nuestro mostrarnos disponibles con paciencia y humildad en orden a crear las condiciones para que la Palabra pueda dar su fruto.

Domingo del Corpus Christi

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Después del domingo de la Santísima Trinidad, celebramos el domingo del Corpus Cristi. El cuerpo y concretamente el cuerpo de Cristo aparece, como señal visible de la Alianza establecida por Dios con todos y cada uno de nosotros.

La primera lectura de Éxodo 24,3-8, se sitúa en el contexto de la Alianza establecida por Dios en el Sinaí. Esta alianza que estable Dios con su pueblo, no es de igual a igual, sino de superior a inferior. El resultado es una oferta de amistad y de comunión. Dios da su palabra y la cumple y el hombre ha de hacer lo propio. El sello de este profundo compromiso se visualiza en la sangre. La expresión: «sangre de la Alianza» que utiliza Moises, volverá a ser pronunciada por Cristo en la institución de la Eucaristía, en la última cena: «Esta es mi sangre, la sangre de la Alianza nueva y eterna, que se derrama por todos» y es que la Alianza, infringida muchas veces y hecha ineficaz por Israel, será superada por la nueva alianza, no escrita ya en tablas de piedra, sino en lo mas profundo de nuestro corazón.

La segunda lectura es de Hebreos 9, 11-15, nos habla de la importancia del sacrificio de Cristo «sumo sacerdote de los bienes definitivos» y «mediador de la Nueva Alianza». Si bien los judíos entienden el templo como el lugar de encuentro con su Dios y donde se realiza el sacrificio, Jesucristo resucitado, será el nuevo templo, que sustituye al antiguo y en el que se hará plena la comunión y el encuentro de Dios con nosotros. Un encuentro personal, real y vivo, fundamentalmente en el sacramento del Pan, en el que encontramos al Jesús viviente que proporciona la más plena comunión personal. Ahí nos espera el amigo, pues como dijo en la última cena: «a vosotros os llamo amigos». Nos llama a vivir una relación de amistad profunda y viva, en la que estamos llamados a tener acceso a todos sus secretos, a estar en su presencia, a comer con él, y a mantener con él un trato de confianza, como así han experimentado muchos hombres y mujeres a lo largo de los siglos. De este modo, es como lleva a cabo la reconciliación del hombre caído, restablece el orden destruido por el pecado y ha vuelto a crear la posibilidad de una humanidad nueva en contacto con Dios Padre.

El Evangelio es de Marcos 14,12.16.22-26. En el marco de la Pascua, celebra Jesus la Cena y la transforma en «memorial», es decir, sacramento actualizante de la obra central de su vida: su muerte y resurrección. En adelante cuando los creyentes celebremos su memoria, viviremos la gozosa experiencia de encontrarnos personalmente con él, pues celebrar la memoria de Jesús no es un recuerdo sin más, sino una presencia que nos enseña a caminar en comunión de vida y amor. En una palabra: en la Eucaristía está todo Jesus donándose en comunión de vida para todos, y la Iglesia, obediente a su mandato, realiza este sacrificio y así anuncia la muerte del Señor, proclama su resurrección y espera su venida en la gloria.