2º Domingo del T.O. Ciclo A

Dios quiere que todos los hombres se salven. En la primera lectura de Isaías 49,3.5-6 el profeta anuncia que esa salvación llegará hasta los confines de la tierra y esto vemos que se realiza en Jesús, que entrega su vida, su sangre, como diremos en la consagración por muchos, es decir por todos. A nosotros siempre nos costará entender ese proyecto universal de salvación por parte de Dios, porque nos creemos los únicos que se salvan, pero ese es algo que en el fondo deseamos: una comunidad humana universal en paz y en armonía.

San Pablo en la segunda lectura de 1ª Cor 1,1-3 se dirige a los corintios y a todos nosotros presentándose como apóstol, él que ha sido perseguidor y que ha recibido una misión, demostrando así que Dios es más fuerte y grande que nuestras debilidades, limitaciones y que su proyecto de salvación desborda esas limitaciones, previsiones y resistencias humanas. Esa misión consiste en anunciar el nombre de Jesucristo, el único nombre capaz de salvarnos, pues para nosotros la salvación es, vivir en Cristo, ya que el que vive en Cristo es una nueva criatura, lo viejo, el hombre viejo y sus obras han quedado atrás y ha comenzado lo nuevo.

Nosotros, que hemos sido consagrados e incorporados a Cristo por el bautismo, hemos de mantener esta consagración en medio de nuestra fragilidad mediante la invocación de su santo Nombre, y así poder vivir y encontrar en él esa novedad de vida que llamamos, salvación o redención. Un buen programa para el año que comienza.

El Evangelio nos muestra a Juan como el precursor y mensajero que anuncia la presencia de Jesús y nos invita a descubrirlo a cada uno de nosotros: «he aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo». El es el que carga con nuestras miserias y transforma la iniquidad en santidad. En él, hemos renacido por el agua y el Espíritu para hacer posible un mundo nuevo, viviendo como hijos de Dios, y para ello nos da el Espíritu Santo.

En la etapa anterior, aparecía el Espíritu sobre los encargados de llevar adelante el proyecto salvador de Dios, lo que ocurría de forma esporádica. En cambio, con Jesús entramos en la época del Espíritu como don total, permanente y para todos. He ahí la gran novedad, que ha supuesto el tiempo inaugurado por Cristo. Que sepamos asumir vivir y alegrarnos en esta novedad del Espíritu.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s