Domingo XXXIII, T.O. Ciclo A

¿Quién es esta mujer hacendosa de la que nos habla la primera lectura tomada del libro de los Proverbios 31,10-13.19-20.29-31? Hay diversas interpretaciones, una de ellas es que se trata de la personificación del pueblo de Israel, que rinde homenaje a Dios su esposo con su trabajo cotidiano y su renovada fidelidad. Sin embargo, para otros es el retrato de la Sabiduría con los rasgos y detalles de esta mujer-símbolo. Sea como sea, quedémonos con que, entre todas sus cualidades, sobresale el temor de Dios, el cual, sintetiza el conjunto de virtudes y actitudes que definen una vida virtuosa. Es una visión muy positiva de la mujer, aunque revela una cultura muy distinta de la nuestra. Hoy necesitamos una visión actualizada de la misión de la mujer, pero sigue siendo necesaria también una visión del temor de Dios traducido como el conjunto armonioso de las cualidades necesarias para educar a los hijos y llevar adelante una vida digna y religiosa.

La segunda lectura es de 1 Tesalonicences 5,1-6 y en ella Pablo, nos invita a «vigilar» cuando afirma: «no durmamos, como hacen los demás, sino vigilemos y vivamos sobriamente». En una palabra: Es necesario tomar en serio el hoy de Dios que nos permite utilizar y aprovechar el tiempo que se nos concede. Esta referencia al hoy de Dios, ocupa un lugar especial en la espiritualidad evangélica. Jesus ya nos había advertido que no debíamos ocuparnos del mañana y que a cada día le basta su afán, por tanto, administremos bien el hoy que Dios nos da, sin olvidar que vigila atentamente el que espera firmemente y el que ama intensamente en todo momento.

El Evangelio de Mateo 25,14-30, es la parábola de los talentos. Normalmente solemos pensar en los talentos como dotes o capacidades intelectuales que Dios nos da. Sin embargo, para Mateo, son las ocasiones que nos ofrece la vida, las responsabilidades que estamos llamados a asumir; las tareas que nos han confiado. Jesús volverá de nuevo en su gloria y esa venida será definitiva, mientras tanto, es el tiempo de poner manos a la obra por parte del hombre. Es el tiempo para la esperanza apoyada por la paciencia, la perseverancia y la constancia. El contraste entre los siervos es la oposición que existe entre el laborioso y el perezoso, entre actividad y pasividad. El mensaje de la parábola consiste en ponerse a trabajar con los dones de Dios, con la mirada puesta en la meta final. Si el elogio de la mujer prudente de la primera lectura, tenía un sentido sapiencial, es decir cómo conseguir un comportamiento correcto en esta vida, ahora Jesús abre otra perspectiva: la fidelidad y la hacendosidad, son para poder entrar en el banquete, en la fiesta definitiva y por tanto, hacer de la esperanza del final un acicate, un aliciente y un compromiso para el presente, un hacer posible la fidelidad y realización de la propia tarea. El resto está en manos del Señor que dirige la historia con sabiduría y amor. De este modo es como pasamos del temor receloso (tuve miedo) al amor generoso. El discípulo de Jesús debe actuar siempre con la lógica del amor y traducir el mensaje evangélico en actos concretos, generosos y llenos de vida como son: el compromiso por la paz, la dignidad, la solidaridad y la comunión de todos los hombres.   

4 comentarios sobre “Domingo XXXIII, T.O. Ciclo A

  1. Hola Padre José. Gracias por poner tus homilías dominicales, me vienen siempre bien para empezar los domingos. Esto: “son las ocasiones que nos ofrece la vida, las responsabilidades que estamos llamados a asumir; las tareas que nos han confiado”.es un punto de vista que me parece muy bueno enfatizar, por lo general suelo tomar lo de los talentos del otro modo que dices y que es más habitual. Es muy bueno verlo así y la verdad, exige mucho. Un abrazo en Cristo Jesús.

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  2. Gracias Hno Mario. Así parece desprenderse de la versión de Mateo, pero considero que lo importante es saber que vivimos en el entretanto, es decir el tiempo de ponerse manos a la obra por parte del hombre. Como decía un viejo profesor: es el tiempo para la esperanza apoyada por la paciencia, la perseverancia y la constancia. Así es como aguardamos la venida del Señor, mientras aguardamos el encuentro con el Rey glorioso que ha compartido con nosotros todo menos el pecado.

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