32 Domingo del T.O. Ciclo C

La resurrección no es un tema fácil de tratar y los saduceos que no creen en la resurrección entre otras cosas por ser una creencia tardía, concretamente a partir del siglo II A.C. como aparece en el libro de los macabeos, que hemos leído en la primera lectura y en algún otro lugar. Políticamente buscaban el poder lo que les hacía colaboracionistas con los romanos y por todo ello estaban enfrentados a los fariseos que eran piadosos conservadores.

Le preguntan a Jesús un poco para ponerlo a prueba, presentándole un caso que más bien ridiculiza la creencia en la resurrección: Se trataba de una viuda sin hijos que según la ley del levirato había sido esposa de siete hermanos, entonces ¿de qué marido será esposa en el más allá?

La respuesta de Jesús es clarificadora, pues les dice que en la otra vida ya no habrá matrimonio, pues los resucitados ya no pueden morir, son como ángeles. El matrimonio es una institución querida por Dios para esta vida y no para la otra y para reafirmarlo apela al episodio de la zarza ardiendo en el que Dios se reveló a Moises, como un Dios de vivos, es decir, que para él todos están vivos. Ciertamente, la resurrección es un hecho, aunque eso sí no sabemos cómo será:

En relación con la resurrección, está el enigma de la muerte. Se trata de una realidad a la que las ciencias del hombre, la filosofía, y la historia de las religiones a lo largo del tiempo, han intentado dar respuesta, pues de la respuesta que tengamos resultará una manera u otra de vivir

Estas respuestas que podemos dar y todas las posturas que nosotros podamos adoptar, van desde el miedo visceral hasta el hedonismo más exacerbado. Lo primero nos lleva a la angustia y lo segundo al desenfado, que se traduce en aquello de: comamos y bebamos que mañana moriremos.

Solo encontramos una verdadera respuesta en el acontecimiento fundamental de la resurrección de Jesucristo, que es finalmente la única respuesta válida a la muerte del hombre. Es más, tanto la fe como la esperanza se vinculan con la resurrección de Jesucristo con quien nos unimos por el bautismo, por el cual quedamos libres del pecado y consecuentemente de la muerte.

La muerte biológica sigue estando, de hecho, Cristo murió, pero la esclavitud opresora de la muerte ha sido vencida y con ella el miedo a la misma. Esa es nuestra victoria, la victoria de Cristo sobre el mal, el pecado y la muerte

A la luz de la resurrección, el creyente sabe que, aunque la muerte física es inevitable, a pesar de todos los adelantos médicos, ésta no es el final del camino, sino la puerta que nos abre a la liberación definitiva con Cristo resucitado

Que esta certeza, nos haga también a nosotros aspirar a los bienes del cielo, como nos recuerda San Pablo.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s