Todos los Santos, Ciclo C

Hoy festividad de todos los santos nuestro corazón amplía sus horizontes, contemplando el cielo que nos aguarda y que ya experimentamos y vivimos cuando vivimos en la presencia del Señor, cada día y cada momento de nuestro vivir cotidiano.

Por el bautismo, que nos ha unido a Jesucristo ya hemos entrado en el cielo, en la santidad a la que todos estamos llamados, pues ser santo no es cosa de unos pocos sino la tarea que tenemos todos que llevar adelante por haber sido creados por Dios y más aun, por haber sido redimidos por Cristo, ya que el camino para lograr la santidad es Cristo. Todos somos hijos de Dios y todos debemos llegar a serlo de verdad por medio de Jesucristo.

El Evangelio de las bienaventuranzas que escuchamos en este día nos muestra que como hijos amados se nos da la gracia de soportar las dificultades de la vida: el hambre y la sed de justicia, la incomprensión, la persecución, pero se nos da también la esperanza de un mundo nuevo y de un hombre nuevo según el modelo de Jesucristo. En ellas vemos como aunque en el presente probemos la copa del dolor, podemos vivir ya la alegría de un amor que supera el dolor y la muerte y que es Dios presente en nuestro corazón  

El camino de la santidad comienza por la presencia de Cristo en nosotros y de nosotros en él, como acontece cuando celebramos la Eucaristía.

En este caminar nos acompañan los santos, porque la vida de los santos no termina con su vida en la tierra, sino que abarca también su vida de actuación en Dios tras la muerte, de manera que quien va hacia Dios no se aleja de los hombres y quien va a los hombres no se aleja de Dios . Esto es lo que afirmamos con la comunión de los santos

A nuestra oración de alabanza y veneración por todos los santos, que la liturgia nos presenta hoy como: “una muchedumbre inmensa que nadie podrá contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas”, la Iglesia quiere unir la conmemoración de los fieles difuntos que celebraremos tras esta fiesta y por los que ofreceremos la Eucaristía.

La muerte para el cristiano forma parte del camino de semejanza con Dios hasta que Dios lo sea todo en todos. Por eso al dolor de la separación de los seres queridos unimos la oración de sufragio indicando así que la muerte no puede romper los vínculos que nos unen a todos, vivos o muertos, con Cristo.

Que vivamos esta conmemoración con alegría y gozo

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