28 Domingo del T.O. Ciclo C

Las lecturas de este domingo nos sugieren inmediatamente el tema de la gratitud, que tiene que ver más con la gratuidad que con un mero agradecimiento obligatorio.

En la primera lectura de 2º reyes 5,14-17 Dios realiza el milagro de curar a Naaman el sirio, un extranjero, que acaba alabando al Dios de Israel como único Dios y el Evangelio de Lc 17, 11-19, nos muestra como un cismático samaritano se vuelve también después de haber sido curado, alabando en voz alta al Dios de Israel.

¿Cómo andamos nosotros en la practica de la acción de gracias? Nietzche, en medio de su ateísmo, reprochaba a los cristianos el no estar contentos de su salvación, luego ¿hasta qué punto da testimonio nuestra alegría del don recibido?

Y nuestra oración ¿hasta que punto es una oración agradecida o simplemente es una queja? Eso es lo que hicieron los nueve leprosos que fueron curados, que se quedaron solamente en la queja en la súplica, pero no pasaron a la acción de gracias.

A su favor está el haber acudido a Jesus, a su santo nombre: gritándole: «Ten piedad de nosotros». Jesus les cura, mostrando así que es el Mesías esperado, que habría de eliminar precisamente esta enfermedad, pero no pasaron a la acción de gracias. La fe les curó pero no les salvó, en cambio la fe del samaritano sí suscitó el agradecimiento mostrando así que la verdadera gracia no nos pone solamente en estado de gracia sino en acción de gracias. Ser cristiano, es por tanto entrar en la acción de gracias por ser hijo y atrevernos a llamar a Dios Padre.

Pero la acción de gracias como la del samaritano, se realiza en el cotidiano vivir, en el día a día y no solo con palabras, sino con una alegría comunicativa y no solo por el hecho de haber recibido, sino por el de poder dar lo recibido. En nuestro vivir cotidiano, es donde damos gracias y esto luego lo expresamos después en la acción de gracias por excelencia que es la Eucaristía.

Venir a la Eucaristía tiene sentido entonces, pues es un agradecimiento a Dios por todo lo recibido, por el don de la vida, por el don de la fraternidad, por el don del convivir y compartir. Se nos muestra así que el cristiano no es sólo el que pide gracias o el que las recibe, sino el que las da.  Que mostremos hoy como el samaritano además de nuestra acción de gracias nuestra profesión de fe. Dios quiere que reafirmemos con todas las fibras de nuestro corazón nuestra profesión de fe en él y así Pablo en la segunda lectura de 2 Timoteo 2,8-13, nos invita a acordarnos de Jesucristo muerto y resucitado por nosotros. El único mediador entre Dios y los hombres.

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