Domingo 14 T.O. Ciclo C

La alegría por la intervención de Dios en la historia marca la línea de la primera lectura del profeta Isaías 66,10-14c, ante el pueblo que regresa del exilio de Babilonia y se llena de alegría ante la llegada a Jerusalén y que experimenta la ternura de Dios que en expresión del profeta, se conmueve como una madre ante el sufrimiento del hijo querido. El poder de Dios se manifiesta acompañado de la ternura, compasión y misericordia.

Los que regresan, experimentan la pobreza y la debilidad de su situación, pero saben que Dios está enmedio de ellos, y esa es la fuente de su alegría, lo cual nos recuerda ya la bienaventuranza proclamada por Jesús: «dichosos los que lloran, porque ellos, serán consolados».No se trata de una alegría cualquiera, sino de la que proviene del gozo profundo por la intervención de Dios, la alegria de su presencia que no se olvida de su hijo querido, sino que lo lleva y sostiene como a un niño a quien su madre consuela.

La segunda lectura, es de San Pablo a los Gálatas 6,14-18. donde nos muestra el apóstol que la fe, es aceptación plena del acontecimiento de Cristo y de la vida que brota de su muerte y resurrección.

Si bien los generales romanos entraban en la ciudad precedidos por los trofeos conseguidos tras la victoria, el cristiano, tiene como trofeo, la cruz de Cristo y en la medida en que se identifica con ella, se convierte en nueva criatura, y se lleva a cabo la nueva Creación.

Jesús, es el hombre perfecto y sólo en referencia a él, adquiere el hombre su verdadera dimensión interior e histórica. La nueva Creación ha de seguir creciendo y la nueva Humanidad debe consolidarse, lo que conlleva el estar marcados por las marcas del sufrimiento de Cristo en favor de los hombres. Un sufrimiento que es liberador.

El Evangelio es de Lucas 10,1-12.17-20. Seguimos teniendo como telón de fondo el viaje de Jesús a Jerusalén, que hoy se centra en el seguimiento y confianza en el Padre. Si bien el judío que quería conocer la ley de Dios buscaba un maestro, Jesús llama él mismo a los discípulos y aún más, no les exige el estudio de la ley, sino el seguimiento personal, con disponibilidad para la pobreza y el seguimiento a fin de poder anunciar la llegada del Reino para lo que les da una serie de advertencias: seréis como corderos entre lobos, sed cautos y prudentes; no llevéis talega ni alforja, confiad en la Providencia, porque el Padre no os abandonará. Como mensajeros de paz, llevad la paz y también han de saber, que no les faltará la incomprensión e incluso la persecución. En cada tiempo, el apóstol ha de vivir desprendido de todo, expuesto a la persecución y lleno de confianza en la Providencia. Es necesario tambien dejarse cuidar y no caer en la tentación del prestigio y del poder, sabiendo que la palabra lleva en sí misma la fuerza necesaria para transformar el mundo y los hombres.

Por último, el mayor motivo de alegría es saber que los nombres de cada uno, no quedarán escritos en un arco como los nombres de los vencedores en los arcos triunfales, sino en el cielo, pues Jesús que nos ha librado de las garras del mal, nos ha introducido en la misma vida de Dios donde todos estamos llamados a la vida divina de filiación y fraternidad.

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