13º Domingo del T.O. Ciclo C

A lo largo de una serie de domingos, vamos a acompañar a Jesús en su viaje a Jerusalén.

San Lucas, ha dado a la parte central de su Evangelio esta forma narrativa de viaje. De este modo, pone de manifiesto que la vida del cristiano es una peregrinación hacia la patria, algo que está muy presente en otros escritos del Nuevo Testamento.

La primera lectura, es del libro 1º de los Reyes, 19, 16b. 19-21 y pertenece al llamado ciclo de Eliseo, el cual es llamado por Elías para la misión profética, lo que supone un cambio de vida radical y un ponerse en camino en despojo y libertad, para ejercer la propia misión. A la llamada, Eliseo responde inmediatamente con un gesto de entrega: da a los suyos todo lo que tiene y todo lo que es, mostrando así una libertad suprema.

En la segunda lectura de Gálatas 4,31b-5,1.13-18 San Pablo, nos invita también a recorrer un camino de libertad, libertad que curiosamente se da en la medida en que nos dejamos atrapar o nos sometemos a la caridad de Cristo, de manera, que vivir en la libertad, es lo mismo que vivir como Cristo vivió, es decir, estar dispuestos como él a dar la vida por los demás. Ser libre como Cristo es amar como Cristo y ello es posible, en la medida en que también nosotros nos sabemos como él, amados por el Padre, pues Dios es amor y quien vive en el amor, vive en Dios. Así es como dirá Pablo, que Cristo nos ha liberado de la ley, lo que equivale a ser liberado del apetito desordenado de poner nuestro propio yo en el centro de la existencia y pasar así a una nueva situación en lo que cuenta de verdad es la caridad que nos libera de las estrecheces de nuestro egoísmo dándonos así la felicidad.

Pero bien sabemos, que podemos entender la libertad justo, al contrario, como afirmación de nuestro propio yo, por ello hemos de estar atentos a lo que nos dice el apóstol: «no toméis la libertad como pretexto para vuestros apetitos desordenados; antes bien, haceos esclavos los unos de los otros por amor». Seamos pues libres, mediante la renuncia voluntaria y continua a vivir encerrados en nuestro yo.

El Evangelio es de Lucas 9,51-62 en él se nos muestra a Jesus que de forma decidida y en obediencia al Padre, se encamina hacia Jerusalén. La suya, es una decisión irrevocable fruto del amor. Envía por delante a sus discípulos, a fin de que preparen el corazón de los hombres, para la escucha de la Palabra. El punto de partida de su camino es un pueblo de Samaría. La relación entre judíos y samaritanos nunca fue buena y la animosidad y el odio entre ellos era grande. Pero Jesús, al comenzar el camino, advierte a los suyos que hay que alejar todo deseo de venganza, odio, persecución y toda su enseñanza consistirá en descubrirles que el reino tiene fuerza por sí mismo y sin necesidad de recurrir a la violencia o al poder, sino que más bien, el poder de Dios se manifiesta en el establecimiento del Reino por medio de la cruz y resurrección. Pero hoy como ayer, seguimos sintiendo la tentación del recurso a otros medios.

Jesús, se muestra también clarísimo en que no se puede anteponer nada a su amor, así hemos de entender: «deja que los muertos entierren a sus muertos». De este modo, el discípulo puede tener un corazón libre, capaz de hacer suyos los sentimientos del Maestro, y poder así entregarse por completo a la voluntad del Padre y a la construcción de su Reino.

El seguimiento de Cristo provoca una ruptura con lo anterior, sin que ello suponga desentenderse del mundo, sino un entenderlo desde Él mismo y desde su estilo de vida.

Lo que Jesus ofrece al que le sigue es: un sentido para toda la vida y una clave interpretativa de toda la existencia.       

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