La Santísima Trinidad, Ciclo C

La fiesta de la Santísima Trinidad, se celebra el domingo siguiente a Pentecostés y nos invita a contemplar el misterio de Dios.

La primera lectura es del libro de los Proverbios 8,22,31. Es una reflexión sobre la Sabiduría.

Sabio, es aquel que consigue ver la verdadera ley de la vida, aquel que reconoce en el mundo una sabiduría que es anterior a él. Pero poco a poco la reflexión fue evolucionando hacia su personificación en la figura de una muchacha que acompaña al Señor en su obra creadora y que se divierte con el mundo y con la humanidad.

La sabiduría es por tanto, la Palabra que hace existir la Historia, y que se suele interpretar como figura o tipo del Verbo de Dios. La sabiduría si bien aquí no se identifica con Dios, forma parte de su entorno relacional, presentándonos a Dios en relación y con un rostro femenino y en interacción con su criatura.

La sabiduría, aparece así como un intermediario o puente entre Dios y los hombres. El Nuevo Testamento, atribuye a Jesucristo este papel mediador y así la carta a los Hebreos, nos dirá que Jesucristo es el único mediador entre Dios y los hombres. La reflexión en torno a esta Sabiduría, nos permite comprobar que entre Dios y el hombre existe una suerte de relación, y que es en esa relación sobre la que se funda el sentido tanto de la vida como de la historia.

La segunda lectura, es de Romanos 5,1-5, Pablo nos recuerda que estamos llamados a participar de la gloria de Dios, de su misterio, de manera que todo contribuye a ello. El Espíritu, es el hacedor de esta gran obra, permitiendo que todo alcance su sentido y su plenitud en Dios. El que cree y espera en Dios, sabe que su amor, derramado en nosotros por medio de su Espíritu, es el que da un sentido nuevo a todas las cosas, pues todo es para la gloria de Dios.

Este amor de Dios que se derrama en nuestros corazones, nos ha dado, la libertad con respecto a la ley y al pecado, abriéndonos a la esperanza, de forma que amparados en este amor, podemos perseverar enmedio de las tribulaciones y sufrimientos de esta vida, uniéndonos así a Cristo, vencedor del pecado y de la muerte.

La vida en el Espíritu es por tanto, la fuente de donde brota la vida cristiana, pues el Espíritu, es el que da testimonio continuamente de que somos hijos del Padre por la muerte y resurrección de Jesucristo, Hijo de Dios.

El Evangelio es de San Juan 16,12-15 y nos recuerda la necesidad de vivir en la verdad y en la bondad de la verdadera Historia, que no es sino Cristo Jesús, cosa que el Espíritu, nos permite y ayuda a comprender y asimilar, fundamentalmente su muerte y resurrección, que son el verdadero comienzo de la nueva historia, el nuevo mundo y de la nueva humanidad.

En este contexto, lo importante es mantener viva la comunión que existe entre el Padre, el Hijo y el Espíritu, tanto en nosotros como en el pueblo de Dios, que es la Iglesia.

Nuestra llamada a la comunión con Dios y con quienes nos acompañan en nuestro caminar, lejos de ser un peso, nos permite alcanzar la verdadera libertad y felicidad y por ello es: «la otra historia».

Ciertamente, hablar de Dios no es fácil, pues es hablar de esa otra historia, que se construye sobre la caridad, y la comprensión, unidas por un mismo amor.

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