Domingo de la Ascensión, Ciclo C

La Ascensión, forma parte del núcleo del mensaje cristiano, esto es, la afirmación de que Cristo está sentado y glorificado a la derecha del Padre, pero la realidad de la Ascensión está presente en todos los escritos del Nuevo Testamento. El mensaje que nos da es que el que asciende volverá de nuevo para cerrar la historia y manifestarse plenamente. En la Ascensión celebramos, la plena glorificación de Jesús y el anuncio de su vuelta gloriosa para consumar la salvación.

La primera lectura es de los Hechos de los apóstoles 1,1-11, se trata de un resumen que contiene preciosas indicaciones. La primera y fundamental es que él está vivo. Tras cuarenta días, número que significa madurez, en los que Jesús se ha aparecido a los apóstoles, éstos, están capacitados, para ser testigos del resucitado y acoger el plan de Dios, que sobrepasa los límites y expectativas mesiánicas de Israel, por lo que deben estar disponibles al Espíritu prometido por el Padre, para encarnarlo en la historia. Como hizo en otro tiempo Abrahán, también los apóstoles deben salir de su tierra, de su seguridad, de sus expectativas y llevar el Evangelio a tierras lejanas, sin tener miedo a las persecuciones, fatigas, rechazos.

La segunda lectura es de Hebreos 9, 24-28; 10,19-23. En ella aparece Cristo en su función sacerdotal, infinitamente superior a la institución de la Antigua Alianza, pues él no entró en el santuario, como hacía una vez al año el sumo sacerdote para expiar los pecados del pueblo con la sangre de las víctimas sacrificadas, sino que penetró nada menos que en los cielos, en la trascendencia de Dios, para interceder en favor de todos, tras haber ofrecido de una vez por todas, el sacrificio de sí mismo. Una ofrenda cuyo valor infinito puede rescatarnos del pecado y de la muerte.

Por él, estamos llamados a acercarnos al Padre con un corazón puro, purificado por el bautismo y sus exigencias.

Cristo, ascendido a la diestra del Padre reina desde ahora. Él es la cabeza de toda la creación y en particular de la Iglesia, con la que forma una unidad indisoluble.

El Evangelio es de Lucas 24, 46-53. Este relato de la ascensión, de Lucas, que tiene muchos rasgos en común con el de los Hechos de los Apóstoles, pero también tiene acentos diferentes. El acontecimiento aparece narrado inmediatamente a continuación de la Pascua, significando que se trata de un único misterio: la victoria de Cristo sobre la muerte coincide con su exaltación a la gloria por obra del Padre y todo ello forma parte del designio de Dios, que ahora se extiende a los discípulos, llamados a dar testimonio de él.

Jerusalén, punto de llegada de la misión de Jesús, es ahora el punto de partida de la misión de los apóstoles. En Jerusalén, deberán también esperar el don del Espíritu.

El tiempo de Cristo acaba con la esperanza del Espíritu, que es también el tiempo de la Iglesia, que se alegra por el triunfo de su Rey, de su Cabeza, de su Señor y se siente llamada a la misión de anunciar el Evangelio a todas las gentes, guiada por el Espíritu, y recordándonos que Jesús glorificado sigue en medio de nosotros hasta el fin del mundo.

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