Vigilia Pascual, Ciclo C

Las lecturas de esta Vigilia Pascual comienzan con el relato de la Creación y terminan con el acontecimiento de la Resurrección.

Se nos quiere indicar así, que toda la historia, tanto la anterior como la posterior, mira hacia este acontecimiento que celebramos en esta noche santa de la Pascua.

La celebración de esta noche comienza con el rito del fuego, del que hemos encendido el Cirio Pascual, que simboliza a Cristo resucitado, presente entre los que se reúnen en su nombre.

El fuego nos recuerda la fuerza, del Espíritu que todo lo hace nuevo, y que también interviene no solo en la encarnación, sino que es el que resucita a Jesús de entre los muertos, y nos regenera a nosotros en el bautismo dándonos la filiación, el ser hijos de Dios .

La resurrección de Cristo ha dado lugar a una nueva creación. Lo viejo ha pasado y lo nuevo a comenzado. Esta es la clave.

La escena de la resurrección tal y como nos la describe el Evangelio nos recuerda un poco la de la transfiguración. Y es que aquello fue una prefiguración de esto. Jesús en aquel momento, hizo ver a los apóstoles lo que tenía que ocurrir después de la cruz, para así, fortalecer su fe . Igualmente la resurrección ahora, viene no solo a fortalecer la fe, sino a fundamentarla.

La fe no tiene otra base que la resurrección, que es sin duda la gran y buena noticia que habrá que comunicar a los demás. Esto es lo que hacen las mujeres, cuyos nombres aparecen en el relato, indicando, que son personas conocidas y por tanto de fiar. Esta noticia, por otro lado, comprobada y cerciorada por Pedro, es la que pone en marcha la Iglesia, fundada en la fe pascual.

Por todo ello y como hemos proclamado en el pregón, esta noche es una noche verdaderamente dichosa, en la que el Señor resucita de la muerte y de la oscuridad del tumba a la gloria de su vida eterna.

Si bien el sepulcro vacío es un dato importante, no basta para la fe en la resurrección. Contribuye a entrar en el realismo de la resurrección, pero es necesario algo más: la experiencia personal y comunitaria del Cristo vivo y la revelación de lo alto, que les permite identificar al resucitado con el crucificado.

La resurrección de Cristo no es solo la reanimación de un cadáver, sino que es mucho más. Es la vuelta a la vida para siempre, en un estado totalmente nuevo y trascendente de Cristo.

Lo que ha acontecido es lo que ellos, los apóstoles no entendían cuando Jesús les decía que tenía que padecer y que resucitaría.

Estamos pues, ante un acontecimiento que desborda todas las previsiones y todos los planes. El mensaje que se nos da es claro como el sol: Dios ha intervenido e interviene en la historia, este es el mensaje que brota de la resurrección. Esta intervención de Dios en la Historia, comienza con la creación y culmina con la resurrección que es la respuesta definitiva que quedó pendiente tras el pecado. ¿Qué sentido tiene la muerte? Y ¿Qué es lo que le espera al hombre después de la muerte? Lo le que le espera, al hombre tras la muerte es la nueva creación que enlaza con el proyecto original de Dios y que Jesús ya nos había anunciado por medio de sus signos o milagros y que llega a su plenitud tras la muerte. El mensaje de la resurrección es que tras la muerte, espera a la humanidad una vida sin fin, feliz, para siempre y para todos y esto es lo que llena de sentido nuestro vivir, nuestro actuar, nuestro trabajar y nuestro esperar.

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