Domingo de Ramos, Ciclo C

El Profeta Isaías 50,4-7, nos presenta la figura del Siervo que sabe escuchar, y no opone resistencia a la voluntad del Padre ni a la maldad de los hombres, seguro de que el designio de Dios, es don de salvación para todos. Esta lectura en el pórtico de la Semana Santa, nos pone en relación con Jesús, que va a realizar la parte central de su misión a través de su muerte y resurrección.

La segunda lectura es de Filipenses 2,6-11,es un hermoso himno cristológico, en el que se sobreentiende el parangón con Adán, que quiso apoderarse de la condición divina y Cristo acepta reparar mediante la humildad de la obediencia hasta la muerte y muerte de cruz, la soberbia del primer adán, que trajo el pecado y la muerte sobre todo el género humano, pero ahora, resucitado, es el Kirios, el Señor, es decir Dios, y en definitiva, el que da gloria al Padre como se merece.

El Evangelio de Lucas, nos muestra en la pasión, la realización de cuanto había enseñado Jesús. El maestro es así un espejo y una referencia para la conducta. Decidido ante las declaraciones del sanedrín y los poderosos, humilde ante los escarnios, los golpes, ante el odio creciente y enconado contra él, es el intercesor misericordioso de sus enemigos y el Salvador que introduce ya desde ahora en el Reino a quien confía en él. Porque donde Está Cristo, ahí está el reino y es en la cruz donde todo esto se lleva a cabo. En ella se realiza la entrega total de Jesús en manos del Padre y el total abandono a Dios para la conversión y la salvación del mundo. De este modo, el Dios del Amor; o el amor de Dios manifestado definitivamente en este Jesús, compromete al hombre en todas las facetas de su vida.

El Domingo de Ramos nos pone ante el contraste de una multitud que sigue a Jesús con entusiasmo y que poco después cae en la desilusión y se muestra indiferente o temerosa al cambiar la situación. Del «Hosanna», se pasa al «¡Crucifícalo!»

Es el momento de aceptar nuestra debilidad ante el seguimiento de Cristo por el camino de la cruz. El domingo de Ramos nos quiere poner ante el marco de este acontecimiento, para que lo vivamos decididamente y desando participar intensamente de su pasión, seguramente, no tanto llevando nosotros en el cuerpo los signos de esta comunión, cuanto aceptando en silencio y por su amor, cualquier humillación y aceptar con mansedumbre todas las pruebas de la vida.

Que como dirá San Gregorio Nacianzeno: «aceptemos todo por amor al Verbo, imitemos a través de nuestro sufrimientos la Pasión, honremos con nuestra sangre a la Sangre, llevemos decididamente la cruz. Si eres Simón Cireneo, toma la cruz y sigue al maestro. Si, como el ladrón estás en al cruz, con honradez reconoce a Dios, Si eres José de Arimatea, haz tuyo el cuerpo que ha expiado los pecados del mundo. Si eres Nicodemo, úngelo con los unguentos para la sepultura, si eres María, o la otra María, o Salomé, o Juana, llora con las primeras luces del día. Trata de ver la tumba abierta y quizá a los ángeles o al mismo Jesús.

Imita a Pedro o a Juan, corre al sepulcro. Si llegas el primero, vence en amor, no te quedes mirando fuera, ¡entra!».

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