5º Domingo de Cuaresma, Ciclo C

¿Como va nuestro camino hacia la pascua? La Palabra de Dios quiere ser un estímulo y una ayuda en nuestro itinerario.

La primera lectura es del profeta Isaías 43, 16-21 y nos recuerda que así como Dios hizo en el Éxodo grandes prodigios ahora continua haciendo cosas nuevas en favor de su pueblo, y sigue renovando en nosotros aquellos mismos prodigios que realizo en la salida de Egipto.

Se nos invita a mirar la Pascua y concretamente a Jesucristo como el hacedor de la nueva creación. Con él comienza algo novedoso: “Mirad, voy a hacer algo nuevo ya está brotando ¿no lo notáis?” Si después de la salida de Egipto el pueblo pudo encontrarse con Dios en el desierto y experimentar su propia debilidad y el poder de Dios, ahora salvados del pecado y de la muerte, por medio de Jesucristo, estamos llamados a caminar por el desierto de nuestra vida con una mirada y con un corazón nuevos, manteniendo viva la esperanza y entreviendo el destino glorioso al que Dios nos llama.

No hemos de mirar el pasado con añoranza sino como garantía para el presente y para el futuro, ese futuro que será siempre algo nuevo y al que Dios nos llama a acogerlo con esperanza.

La segunda lectura de S. Pablo a los Filipenses 3,8-14, nos muestra como la novedad que es Cristo, actúa en el corazón de Pablo y en el de los cristianos. El ha sido tocado por esta novedad y a pesar de su pasado glorioso en el judaísmo, no duda en reconocer todo eso basura comparado con el conocimiento de Cristo. El encuentro con Cristo, nos cambia a cada uno, en Pablo le impidió volver a las antiguas practicas en las que él mismo vivió y por las que perseguía a la Iglesia naciente. A nosotros, nos permite tener un corazón misericordioso, capaz de amar y de acoger al otro, aborrecer el pecado y vivir de un modo nuevo, y mirando siempre hacia adelante, lo pasado ha pasado y la novedad aparece en el horizonte. Si el Éxodo permitió la entrada en la Tierra prometida, la Pascua de Cristo es lo que nos permite ahora mirar con esperanza el porvenir. Lo que dice Pablo a los filipenses desde la cárcel, es que los sufrimientos del momento presente no son nada con la gloria que se nos ha dado en Cristo. Hemos de actualizar la fe en cada momento sin dejar de alimentarla y sin dejar de ver en todo lo que nos acontece, la mano misericordiosa de Dios que por medio de Jesucristo nos llama hacia él y lo que para nosotros es una pérdida o un despegarse de algo, puede ser una verdadera oportunidad de crecer y de avanzar hacia la meta final. Si el deportista tiene que hacer tantos esfuerzos y tantos sacrificios para llegar a la meta, nosotros que aspiramos a la vida eterna, tendremos que vivir cada acontecimiento en estado de esperanza, abiertos a la vida y al amor que Dios nos da. Este es el mensaje que Pablo da a los cristianos de Filipos y a los cristianos de todos los tiempos.

En el Evangelio, de Jn 8,1-11, vemos esa novedad que aparece reflejada en la pregunta: “Mujer ¿donde están tus acusadores?” Lo nuevo es que ya no hay acusadores, ya no hay acusador, ahora lo que hay es vida nueva: “en adelante no peques más”. La vida se impone no bajo el peso de la acusación, sino bajo el peso de la gracia, de manera que por la misericordia de Dios podemos vivir también de un modo nuevo. He ahí la gran novedad y la gran noticia, que si bien yo no puedo por mis propias fuerzas salir del pecado y por tanto soy digno de reprobación y de muerte, ahora por el amor de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado, puedo dejar la vida de pecado y vivir en la acción de gracias, amando y perdonando, como yo he sido amado/a y perdonado/a por él.

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