1º Domingo de Cuaresma, Ciclo C

Jesus, que es proclamado por el Padre, «Hijo amado» en el bautismo, es conducido ahora al desierto, por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Estamos pues ante una prueba querida por Dios. El Evangelio de Lucas 4,1-13, pone de manifiesto en este relato de las tentaciones, que El es el que viene para congregar a toda la humanidad y para dar al Padre la adhesión y la gloria que debía haberle ofrecido Israel, y por ello es sometido ahora a las mismas tentaciones del pueblo en el desierto, como así indican las citas del Deuteronomio, con las que responde a Satanás (Dt. 8,3; 6,16; 6,13). Ahora bien, donde Israel, ha fallado, Jesús ha vencido, lo que nos indica, que él es el que viene a renovar a la humanidad desde dentro.

El tentador, engañosamente insiste en que demuestre lo que ya es, tal y como quedó patente en el jordán y en el monte tabor. Esto es: hijo de Dios, hecho hombre. En este sentido la tentación, intenta dar la vuelta a las cosas: ¿porqué no un mesianismo que satisfaga las necesidades materiales del hombre? ¿porqué no una misión milagrera, espectacular y marcada por el éxito? ¿porqué no ceder a la idolatría del poder? A todo ello Jesús responde con y desde la Palabra, que es: alimento. «no solo de pan vive el hombre». Don, que nos permite asumir el designio de Dios, su ley. «no tentarás al Señor tu Dios» .Y Luz , que nos permite ver a Dios, como padre y no ir tras los ídolos. «Al Señor tu Dios adorarás.

Jesús, fue tentado en todos los frentes, pero no pecó. De este modo, nos muestra como nos dice san Agustín, en su comentario al salmo 50: que nuestro progreso, se realiza a través de la tentación y que todos somos tentados en Cristo, de manera que también seamos vencedores en él.

La primera lectura, nos muestra el credo de Israel, repasando los hechos que dieron lugar a la liberacion de Egipto, en donde se alterna el sufrimiento y la salvación, lo que podría ser el relato de nuestra propia historia y de como Dios ha ido actuando en ella. De este modo, el arameo errante, se ha convertido en una nación numerosa, pero que experimentó la opresión y la humillación y Dios intervino con poder para darle una tierra fértil y agradable. La cosecha es así, un recuerdo de la entrada en la tierra, de manera que lo que ocurrió entonces, sigue ocurriendo ahora y de ahí que en nuestra profesión de fe, y en nuestra liturgia, nuestra ofrenda, sea expresión de nuestro encuentro con el Dios vivo, que se hace presente en Jesus, junto con nuestra alabanza y nuestra obediencia. Pues sabemos que así como se hace presente en su pueblo en los momentos cruciales de la historia, lo seguirá estando hasta el final de los tiempos, y de este modo, lo que aconteció en el pueblo de la promesa, llega a su cumplimiento en el nuevo pueblo, que es la Iglesia.

Importante es lo que nos recuerda la segunda lectura de Romanos 10,8-13. Que quien cree y confía en él, no quedará defraudado, pues por medio de él, Dios nos da su gracia y su salvación. En la invocación de su santo nombre, experimentamos que Dios nos da esta gracia y esta salvación por medio de Jesucristo y esto está al alcance de todo el que cree en él, sea de la nación que sea.

Es necesaria la escucha de la Palabra de Dios, para entrar en el ámbito de la fe y por tanto, en el de la salvación.

Que podamos rechazar la tentación manteniéndonos a la escucha de la Palabra, y orando insistentemente, y así renovar y afianzar nuestra fe en este tiempo cuaresmal.

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