Fiesta de la Epifanía

¿Qué es la fiesta de la Epifanía, conocida como la fiesta de los reyes magos?

La primera lectura del Profeta Isaías 50,1-6, nos da una clave, al hablarnos de la universalidad y de la unidad de todos los pueblos en torno a Jerusalén. Nos habla de una caravana que avanza hacia la ciudad santa en dos grupos bien diferenciados: uno formado por los hijos y e hijas de Israel que vuelven del exilio y el otro formado por las naciones extranjeras atraídas por la luz y la gloria de Dios. Es la alegría de la salvación que llega a todos los pueblos.

Nosotros, que hemos visto esa salvación manifestada en Cristo Jesús nacido en Belen, estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo, esto es a colaborar en el plan de Dios que es universal, para todos, con todo lo que somos y hacemos, nuestras posibilidades y nuestras cualidades. La salvación de Jesucristo o es para todos o no es para nadie. Distinto es que esa salvación sea acogida o no por nosotros.

La segunda lectura es de Efesios 3,2-3ª.5-6 y expresa claramente la misión de Pablo de llevar el Evangelio a los gentiles, de modo que, como hemos dicho, el designio salvífico de Dios es para toda la humanidad, que está llamada a caminar a la luz del único Dios y Padre. El Evangelio no tiene fronteras y todos los pueblos están llamados a participar de las promesas hechas a Israel y realizadas en Jesús.

La Iglesia ,cuando anuncia y predica el misterio de Cristo, comunica una gran noticia, una buena noticia: que no somos ajenos a esa voluntad de Dios de salvación, de no dejarnos sometidos al pecado y a la muerte, sino de resucitarnos con Cristo y estar con él. Así realiza la unidad entre todos los pueblos y entre los propios hijos de Dios dispersos, bien sea mediante el anuncio del evangelio, bien sea tratando de crear vínculos de comunión y fraternidad a pesar de las apariencias y de las múltiples diversidades.

El nacimiento de Cristo, ha manifestado el misterio de Dios que consiste en reunirnos a todos en él.

El Evangelio de Mateo 2,1-12, nos habla de una Revelación extraordinaria que conduce a los magos o sabios a descubrir al rey de los judíos, como rey del universo. Estos magos o sabios, en el siglo V fueron reconocidos como tres, en base a los dones ofrecidos y en que el siglo VIII le fueron dados los nombres que todos conocemos, son para el evangelista, personajes ilustres, primicia de los paganos, que exaltan la dignidad de Jesús y le buscan para adorarle. En cambio Herodes, es todo lo contrario, le busca para matarlo. He ahí las dos posturas ante este Mesías buscado y rechazado a la vez, marginado por su pueblo y buscado con esperanza por los de lejos. Seamos como los magos y sabios, adoradores de Jesús; adorarle significa, reconocerle como el único Dios y Señor. Ellos son tipo y preludio de esa innumerable y gran multitud de «verdaderos adoradores» que marchan después de haberle encontrado, por caminos distintos a los que trajeron y que anuncian a todos la salvación y la paz que provienen de él. 

     

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