Domingo 28 T.O. Ciclo B

Domingo XXVIII del T.O.

La primera lectura del libro de la Sabiduría 7,7-11, nos muestra que la Sabiduría no es fruto de la habilidad o de una adquisición humana, sino que solo puede ser recibida de lo alto y es preferible a cualquier tesoro. Pues bien, a nosotros, esta Sabiduría se nos ha revelado en Jesús, él es el verdadero rostro de la Sabiduría, en él hemos visto el rostro de Dios, su amor por nosotros, su preocupación por nosotros. El P. Caussade en su tratado sobre el abandono en la divina providencia dice: «Puesto que Dios se nos ofrece para ocuparse de nuestros asuntos, dejémoslos pues de una vez en manos de su infinita sabiduría, para no ocuparnos ya sino de él y de lo que le concierne». ¿Qué significa ocuparnos de él sino, preferirlo a todo, como nos decía la primera lectura, hablando de la sabiduría: «la preferí a cetros y a tronos y a su lado en nada tuve la riqueza.

El Evangelio de Marcos 10,17-30, nos presenta un buen ejemplo de lo que es el diálogo con Jesucristo, Sabiduría del Padre. Un diálogo que como hemos visto en ese personaje, está marcado por el deseo de la salvación: ¿Qué debo hacer para heredar la vida eterna? Jesus le responde lo que él ya sabe: cumple los mandamientos, a lo que le responde, que él ya los cumple desde siempre. Entonces Jesus aprovecha para mostrarle hacia donde nos conduce la verdadera Sabiduría que es él: «una cosa te falta: vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme».

Los mismos discípulos se quedan perplejos ante la respuesta y aquel, incluso, dejó plantado a Jesús, pues confiaba en su riqueza y Jesus le pide ir más allá, hacia una radicalidad, hacia un anteponerle a él a todo. El abandono en la divina providencia es la escuela a la que nos llama Jesús. Dejarlo todo para encontrarlo todo, morir a nosotros para resucitar en él: «os aseguro que todo aquel que haya dejado casa, hermanos o hermanas o madre o padre o hijos o tierras por mi y por la buena noticia, recibirá en el tiempo presente cien veces más y en el mundo futuro la vida eterna».

A partir de aquí, entendemos también lo que nos dice la segunda lectura de Hebreos 4, 12-13: «La palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo…juzga los deseos e intenciones del corazón». Nosotros, como el personaje del evangelio, dejamos esta Palabra que es Cristo, para ocuparnos de nuestros asuntos, pero el que le sigue, encuentra en él mucho más de lo que cree necesitar: cien veces más, pero junto con persecuciones, aclara el evangelista. Nada es comparable a esta vida que Cristo nos da y solo la podemos recibir si hacemos como aquel comerciante avispado, que lo vende todo para adquirirla.

Pero también aclara Jesus a los apóstoles que esto es imposible para nosotros, pero que para Dios, todo es posible.

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