Fiesta de la Asunción

La fiesta que celebramos de la Asunción de María, es un motivo de firme esperanza al contemplar como una criatura vence a la muerte y es elevada a la gloria.

La primera lectura es del libro del Apocalipsis. En ella se nos habla de una figura portentosa en el cielo: una mujer vestida de sol, la luna por pedestal y coronada de doce estrellas. Esta mujer representa a la nueva creación, al nuevo pueblo de Dios, a la Iglesia que ve en ella a María asunta al cielo en cuerpo y alma, afirmando que, así como el Hijo de María murió y resucitó, así también la madre ha vencido a la muerte en la resurrección gloriosa, como primer fruto, de la resurrección del hijo. La Iglesia se alegra con la victoria del Hijo y de la madre y nosotros vemos en ello un camino de esperanza para la misma Iglesia y para el mundo. La fe en Jesús nos lleva hacia esa victoria esperanzadora sobre el mal, el pecado y la muerte.

La segunda lectura es de 1ª Corintios 15,20-26 nos recuerda que la resurrección de Jesús es el núcleo originario del mensaje cristiano, pues supone la victoria sobre la muerte y por tanto la desaparición del miedo a la muerte. Si la herencia recibida de Adán ha hecho que el pecado y la muerte alcance a todos los hombres, la herencia victoriosa de Cristo, alcanzará también a todos los hombres. Cristo ha resucitado, por tanto, resucitarán los muertos. Esto es lo fundamental: que la muerte ha sido vencida en todos, porque ha sido ya vencida en Cristo Jesús y María asunta al cielo, es la primera en participar de esa victoria. Si cierta es la muerte, mas cierta es la vida para todos. La vida ha vencido a la muerte, esa es la buena nueva, y Maria es primicia.

El Evangelio es de Lucas 1,39-56. El encuentro entre Isabel y María, dos mujeres en cinta, es un anuncio evangélico, de vida, pues una es estéril y la otra virgen. La historia a partir de ahora será distinta como canta María en el magníficat: los pobres y los oprimidos de todos los tiempos y de todos los ámbitos, pasan a ser los protagonistas de la historia y dejan de serlo los ricos y los poderosos. Isabel proclama bendita a María, pues si Cristo es nuestra bendición, María es la primera en participar de ella. El Magnificat, no es una simple plegaria de liberación ni una exaltación personal de María sino la proclamación de la capacidad de Maria y por ella, los que, por la humildad, tienen la capacidad de ver los acontecimientos con unos ojos nuevos, con unos ojos que saben ver la realidad de la historia y la mano de Dios que obra en ella, con los ojos de la fe.

Los ojos de la fe, nos ayudan también a nosotros a ver nuestra historia y la de los otros como una mirada especial, desde Dios. De este modo, las experiencias de luto y de dolor, como las de amor y alegría, pueden ser momentos que son transformados por la presencia de Dios en todos ellos, y así, hacer nuestro, el cántico de alabanza que María ha proclamado con su vida.   

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