TRIDUO de SANTO DOMINGO

DOMINICAS DE DAROCA (Zaragoza)

Dia segundo

La Cruz como guía

La espiritualidad cristiana es, cristocéntrica y esto lo vemos especialmente reflejado en Santo Domingo

Jesucristo es el mediador entre Dios y los hombres, el que culmina la revelación de Dios y su Espíritu, el Espíritu de Jesús, es el que anima la vida Cristiana.

Todo espiritualidad Cristiana es, en definitiva, una experiencia de fe en Jesucristo, es por tanto, una espiritualidad esencialmente cristocéntrica.

Todo esto lo vemos reflejado en las representaciones que vemos de él, especialmente las de Fray Angélico que le suele representar de rodillas al pie del Crucificado. Esos cuadros reflejan bien el centro de la experiencia espiritual de Domingo. Ese centro es Cristo, y un Cristo crucificado.

El misterio de la encarnación, que asume plenamente la condición humana, desemboca en el misterio de la Cruz, que revela todo el drama de la condición humana. Por eso, la espi­ritualidad de Domingo es a la vez una espiritualidad de encarnación y una espiritualidad de la pasión.

En el Cristo Crucificado se revela el verdadero rostro amoroso de Dios y en el dolor humano —en los crucificados de la tierra— se revela el rostro del Cristo crucificado.

El contacto con la humanidad doliente, está en la base de la espiritualidad de Domingo. Igualmente, la humanidad doliente, el dolor humano, la compasión Cristiana, nos lleva al centro de la espiritualidad dominicana, que pasa a ser por ello, una espiritualidad verdaderamente cristocéntrica.

La vida de Domingo es una historia de compasión. En Palencia siente compasión por las masas empobrecidas y vende sus libros para socorrerlas. En las guerras de reconquista y en el mundo feudal siente compasión por los esclavos y se ofrece como rescate. En el sur de Francia siente compasión por los herejes hundidos en la mentira y el error, y se dedica con todas sus fuerzas a la predicación del Evangelio. En las Marcas siente compasión por los paganos a quienes nadie les ha predicado el Evangelio, y mantiene durante toda su vida el ideal y el deseo de misionar entre los cumanos hasta entregar su vida como mártir del Evangelio. Siente especial compasión por los pecadores, y su oración de intercesión le conduce hasta el clamor y las lágrimas. Es compasivo con los frailes débiles y tentados, y se ejercita con singular destreza en la corrección fraterna y en la animación comunitaria.

Santo Domingo, fruto de este cristocentrismo es un enamorado de la pobreza evangélica, pues Cristo siendo rico, se hizo pobre, se vació de sí mismo. Y adoptó la condición de siervo, rebajándose hasta la muerte y una muerte de Cruz. Este es el Cristo al que Domingo quiere imitar con la práctica radical de la pobreza evangélica.

Por medio de la pobreza, no solo, quiere someter los instintos a la soberanía del espíritu. Sino que quiere compartir las condiciones más bajas de la condición humana, la situación de los crucificados de la tierra. A través de la pobreza Domingo ejercita de forma efectiva su compasión con la humanidad doliente.

La pobreza, le permite hacer también la experiencia de la Providencia divina y de la fraternidad humana. Una y otra se ponen de manifiesto en el compartir .

La pobreza le permite también imitar a Cristo pobre, para desde ahí vivir la pobreza no al estilo franciscano, tan querido por él, sino a “imitación de los Apóstoles”.

Finalmente, la pobreza es para-Santo Domingo un, un camino de libertad para el seguimiento radical de Jesús y para el anuncio del Evangelio. La pobreza es la carta credencial de los predicadores. Es la fuerza que respalda y legitima su predicación. La pobreza así entendida tiene un notable valor profético. Vivir la pobreza radicalmente es ya una forma efectiva de anunciar el Evangelio y de denunciar el ídolo del becerro de oro, una de las grandes idolatrías en la historia humana. Por eso, Domingo deja a sus frailes como herencia… la pobreza.

Todo esto, no solo dará forma a su apostolado, sino que también alimenta su ideal de martirio. Si bien el martirio cruento nunca tuvo lugar en la vida, siempre estuvo dispuesto a padecerlo, lo que es prueba de su centramiento en Cristo y de lo que alimenta su contemplación de Cristo crucificado. Experiencia contemplativa y experiencia apostólica van juntas en él, en perfecto equilibrio. “De día nadie más cercano a los hombres; de noche nadie más cercano a Dios”. Así resume Jordán de Sajonia su espiritualidad

Acción apostólica y contemplación, están tan unidas en él, que no se pueden separa, pues la contemplación del misterio de Cristo es la fuente del anuncio de ese misterio.

Este es el equilibrio de la vida de Santo Domingo y un reto para la familia dominicana. Pidamos en este día, poder encarnar este equilibrio.

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