Domingo 18 del T.O. Ciclo B

El pueblo camina por el desierto y fácilmente cae en la queja.

La primera lectura de Ex 16,2-4.12-15, nos muestra ese momento en que aparece la murmuración contra Moises y contra el propio Dios. En el fondo, el verdadero problema no es la falta de alimento o agua, sino la duda: ¿Está el Señor en medio de nosotros o no? (Ex 17,7) El relato recuerda cómo Dios condesciende una y otra vez ante la dureza de su pueblo, pero no impone, sino más bien, exhorta, amonesta. Quiere y espera del hombre una respuesta libre y amorosa y es que entender la fe como encuentro personal con el Dios providente y solícito no es tarea fácil y esto es lo que el pueblo tuvo que aprender en el desierto. De hecho, más tarde se hizo del desierto un lugar preferido porque en él se experimentó la cercanía de Dios y en él se cumplimentó la Alianza. El mana aparece como respuesta a esas protestas y murmuraciones y signo de la solicitud de Dios, también, prueba que garantiza la misión de Moises como enviado de Dios, para salvar al pueblo. 

La segunda lectura es de Efesios 4,17.20-24 en ella, San Pablo analiza la tarea del cristiano, contraponiendo la situación pagana con la cristiana. Nos recuerda que el cambio para ver y entender el mundo de un modo nuevo es una gracia y a su vez, algo que el mundo necesita. Nos viene a decir que el Evangelio nos permite un cambio de mentalidad y no un cambio de casa. Debido a ese cambio de mentalidad, el Evangelio favorece y posibilita la verdadera humanización que el mundo necesita. Esto no es otra cosa que posibilitar un volver a los orígenes, al proyecto original de Dios, al hombre creado a su imagen. Abandonar la vida pagana, consiste en adoptar una conducta de vida conforme al proyecto de Dios y a su voluntad y esto no procede de nosotros, sino que es un don de Dios (Ef 2,8). La verdad que el creyente recibe con la fe cristiana  no le aleja del mundo, sino que le permite asumirlo e interpretarlo desde la fe, esto supone un verdadero compromiso con el hombre y un vivir la vida verdaderamente humana.

El Evangelio es de Juan 6,24-35. Tras la multiplicación de los panes, el evangelista alude a la búsqueda de Jesús por parte de la muchedumbre, lo que el aprovecha para desenmascarar una mentalidad demasiado material y proclama la diferencia entre el pan material corruptible y el que nos da la vida eterna (v, 27). De hecho, los padres, comieron   el mana y murieron. En cambio, el que come del pan traído por Jesús, que es él mismo, vivirá para siempre. Jesus que ha bajado del cielo es el que da la vida al mundo. El mana era una imagen, una prefiguración, pero no procedía del cielo. Jesús es en cambio, verdadero mana que viene de lo alto y consecuentemente, sí puede darnos la vida que perdura. La muchedumbre parece haber comprendido cuando dice: «Señor danos siempre de ese pan». Pero en realidad, no comprende el valor de lo que pide, entonces Jesús precisa: «yo soy el pan de vida. El que viene a mí no volverá a tener hambre». El es el don amoroso hecho por el Padre a cada uno de nosotros y es la Palabra que hemos de creer: quien se adhiere a él da un sentido a su propia vida y consigue su propia felicidad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s