Domingo 16 del T.O. Ciclo B

Contra los reyes y los falsos profetas dirige Jeremías 23,1-6 en la primera lectura sus oráculos. A los reyes, porque su comportamiento personal y su forma de gobernar el pueblo no es la apropiada y a los falsos profetas, porque anuncian falsa paz y falsa prosperidad en un momento de gravísima crisis y peligro.

Israel, hereda la imagen del pastor de otros contextos y de otros pueblos, referida a aquellos que gobiernan y la aplica en primer lugar a Dios y a los reyes, en cuanto representantes de Dios, pues no hay que olvidar que el rey de Israel es Dios. También los profetas, participan de esta cualidad de pastores.

El profeta Jeremías insiste en la justicia, en cuanto que es la síntesis de las relaciones con Dios y con los demás, que conlleva el respeto, el bien común y una actitud de cara a Dios sincera. Pero al no hacerlo, Dios mismo asumirá la guía del pueblo, y así lo vemos realizado en Cristo, buen pastor y los pastores serán ahora, los que en nombre de Cristo promueven relaciones justas entre los hombres y entre los hombres y Dios. Están al servicio de Dios y no de sí mismos.

La segunda lectura es de Efesios 2,13-18. Después de hablar del designio salvífico establecido por el Padre en Cristo, Pablo, invita a los cristianos de Éfeso y los anima a que caigan en la cuenta de su nueva condición. Hasta la venida de Cristo, los judíos dividían al mundo en dos partes: judíos, pueblo de Dios llamados a la salvación y gentiles, malditos y alejados de la salvación, pero Cristo, es el buen pastor que ha traído la paz y la comunión destruyendo fronteras y muros de separación. Y ello por medio de la cruz, que es en el plano histórico salvífico, el acontecimiento central de la reconciliación, de forma que, por él, judíos y paganos forman parte del pueblo de Dios que es la Iglesia. Por él hemos accedido al Padre y estamos animados por el único y mismo Espíritu, de modo que el cristiano, se siente llamado a fomentar la unidad y a evitar la división por razones culturales, económicas, raciales, sociales o religiosas.

El Evangelio es de Marcos 6,30-34. En él, Jesus, invita a los suyos a retirarse para orar, como él solía hacer muchas noches y así introduce también el episodio de la multiplicación de los panes. Una escena que nos invita a pensar en los futuros pastores, en comunión con el buen pastor. Jesús es realmente el modelo de pastor, pues se encarnan en él todas las cualidades que se esperaban del rey-pastor, como son: rectitud, fidelidad al proyecto de Dios y sobre todo la misericordia. Misericordia que no es debilidad, sino mirada amorosa; solicitud, es decir cuidado y generosidad en el respeto a la libertad de cada uno. Esto es, un ejercicio del poder entendido como servicio. Estas son las prerrogativas del guía auténtico, que está dispuesto a dar la vida por los demás y a compadecerse, padecer-con ellos. De aquí se desprende que, si Cristo dio su vida por nosotros, también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

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