4º Domingo Cuaresma Ciclo B

La historia de la salvación se podría definir como el encuentro de un pueblo que no acertaba a ser fiel a un Dios, que no dejaba de serlo nunca. La primera lectura de 2 Crónicas 36,14-16, nos muestra como seis siglos después de la liberación de Egipto, Israel llegó a una situación marcada por las dificultades para entender a su Dios, que se comprometió a un solemne pacto de superior a inferior (Alianza del Sinaí) y que no ha recibido la contrapartida de la respuesta del hombre. A pesar de todo, Dios sigue enviando mensajeros, pero ellos se burlaron, los despreciaron y se mofaron de ellos. Es difícil escuchar la voz de Dios. No en vano, Jesús proclamará dichosos, a los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen (Lc 11,27). Es difícil abrirse siempre a la Palabra de Dios, aunque es liberadora, discrimina, discierne y criba.

La segunda lectura es de Efesios 2, 4-10, nos recuerda que la salvación por Cristo es totalmente gratuita pues parte de Dios que es rico en misericordia, misericordia que en hebreo se expresa con dos vocablos complementarios: janum y rajum. Dios es misericordioso (janum) cuando se acerca al hombre para perdonarlo. El Dios que perdona lo hace porque sabe de qué masa hemos sido formados. Pero Dios es también misericordioso (rajum) cuando se acerca a los hombres con tiernísimo afecto, conmovido en sus entrañas como una madre auténtica. Así lo vemos por ejemplo en Oseas, y sobre todo en la parábola de hijo pródigo ¡Dios es así! ¿Queréis reprocharle su conducta, preguntaba Jesús a los escribas y fariseos que criticaban su comportamiento con los pecadores? Así pues, lo acontecido en Cristo en favor de los hombres desborda por todas partes y Pablo tiene que recurrir a expresiones nuevas para poner de relieve como que hemos sido vivificados en Cristo, hemos resucitado con Cristo y hemos sido sentados con él en los cielos. La omnipotencia de Dios se manifiesta en su amor. De modo que hemos sido recreados, vueltos a crear y nuestras obras son el desbordar de la gracia, de modo que ya no hay lugar para la vanagloria, sino para la acción de gracias.

El Evangelio es de Juan 3,14-2.  Nos presenta la respuesta de Jesús a Nicodemo, en la que nos revela su propia identidad y la misión que ha recibido del Padre. Después de haberse identificado con la figura gloriosa del Hijo del hombre bajado del cielo, se compara con la serpiente de bronce que Moises había levantado en el desierto para librar de la muerte segura al pueblo pecador. Hay que tener en cuenta que la serpiente recuerda la muerte, pero también su antídoto, de hecho, entre los pueblos cananeos, la serpiente es símbolo de fecundidad. Así pues, Cristo elevado en la cruz, aunque represente el culmen de la ignominia, constituye también el máximo de su gloria. Para San Juan la elevación en la cruz, coincide con la glorificación de Cristo, porque en la cruz se manifiesta en todo su esplendor el amor salvífico de Dios que mueve a entregar al Hijo para que el hombre pase del pecado a la vida eterna. Pero esto exige la acogida en la fe: en el desierto había que mirar a la serpiente de bronce, ahora se debe creer en Jesús. Cada uno con su adhesión o rechazo, hace una opción que entraña un juicio. Esto es, si descubrimos por la fe en el exaltado (como la serpiente de bronce en el desierto y que es signo de salvación para el que la miraba) al propio Jesús como hijo del hombre.  

Un pensamiento en “4º Domingo Cuaresma Ciclo B

  1. Pingback: Santa Matilda, la reina (895 – 968) | Vidas místicas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s