3 Domingo de Cuaresma, Ciclo B

En la primera lectura de Éxodo 20,1-17, Dios estipula con su pueblo, en el Sinaí, la alianza con sus cláusulas. El Dios de Israel, es el Señor de cielos y tierra, que puede ofrecer una alianza estable, firme y eficaz con su pueblo y así, pone ante los ojos de Israel la gran proeza que ha realizado con ellos: los ha liberado de la mano del faraón y su ejército, que eran muy superiores a ellos.  Este acontecimiento, se convierte en el punto de referencia de toda la historia de Israel, por lo que, Israel tiene motivos para fiarse de Dios, su soberano.

Hoy como ayer, es necesario mirar a los acontecimientos fundamentales; entonces fue la liberación de Israel de las manos de los egipcios y en la plenitud de los tiempos, fue la liberación de la humanidad por obra de Jesús en su muerte y resurrección. De esta forma es como los mandamientos no son en su origen y en el proyecto de Dios, una carga insoportable, sino la posibilidad de supervivencia del pueblo.  Son la respuesta a un Dios que se ha volcado en la salvación de un pueblo. Son posibilidades de vida y libertad: «obedece y vivirás».

La segunda lectura es de 1ª Cor 1,22-25. Pablo, nos recordará que la intervención definitiva de Dios en favor de su pueblo, se ha concretado en la cruz, que es expresión misteriosa y desconcertante del poder y sabiduría de Dios. Es, en una palabra, la expresión acabada del amor gratuito y portentoso de Dios. Cuando Pablo afirma que: «lo necio de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios más fuerte que los hombres», nos está indicando que Dios está por encima, pero no en contra, de nuestro modo de proceder, de pensar y de planificar. La fe en Cristo no anula los valores humanos, sino que los eleva, valoriza y humaniza, porque los libera del error (sabiduría) y los restaura (poder) lo que nos permite, la plena confianza en Dios y en las posibilidades que El da.

El Evangelio de San juan, nos presenta la expulsión de los vendedores del templo por parte de Jesús. El templo, es el lugar elegido por Dios para establecer su morada, donde habita su Nombre. Pero Jesús, afirmará: «destruid este templo y yo lo reconstruiré en tres días (Jn 2,12ss) Esta es la clave del acontecimiento. El templo material, edificado por manos humanas, debe orientar la mirada y el pensamiento del hombre a otro templo no construido por manos humanas. Continúa el Evangelio: «Él hablaba del templo de su cuerpo; cuando resucitó de entre los muertos los discípulos creyeron en la palabra de Jesús» (Jn 2,19ss).

Si bien la Iglesia primitiva, en sus primeros pasos, no se desprende del templo, Esteban se encarga, guiado por el Espíritu de urgir al alejamiento de la Iglesia respecto del templo, de forma que, como en el caso de Jesús, templo y muerte martirial, están relacionados y no en vano, el velo del templo se rasgó de arriba abajo, en el momento en el que muere Jesús y el centurión romano, expresa su fe en Jesus cuando exclama: ¡Este hombre era verdaderamente justo e Hijo de Dios!  

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