5 Domingo TO, Ciclo B

El problema del mal y en particular, el del dolor inocente ha puesto al hombre en crisis desde siempre, además, es un problema que, somete la fe a una dura prueba. La primera lectura del libro de Job 7,1-4.6ss, nos muestra el antiguo esquema, es decir, la relación entre la situación del hombre en esta vida y su conducta frente a Dios. A partir de ahí, sus amigos, deducen que Job no es agradable a Dios como lo demuestra la situación en la que se encuentra. El, en cambio, sabe que su conducta es intachable y pese a ello, se ha visto alcanzado por la desgracia y la enfermedad ¿cómo se explica eso? Hoy también y sobre todo en estos momentos de crisis, muchos hombres y mujeres se debaten entre interrogantes a los que no se les ve salida. Job en aquella situación trágica sigue abierto a su Dios, aunque guarde silencio y convencido de que Dios está cerca del que sufre. Desde ahí es como también nosotros hemos de compartir el sufrimiento del otro y saber guardar un profundo silencio ante la situación desgarradora y reconocer que Dios está más cerca, cuando se nos antoja que está más lejos. Debemos tomar en serio la dolorosa situación de la experiencia humana, entrar en comunión con quien sufre y tratar de ofrecer un mensaje inteligible, convincente y consolador.

La segunda lectura es de San Pablo a los Corintios 9,16-19.22-23. Allí nos muestra el Apóstol, que no quiere ser confundido con un predicador asalariado ni tampoco quiere que los débiles en la fe, en aquel contexto, los que se negaban a comer carne inmolada a los ídolos, se pierdan y de ahí, que los fuertes de Corinto, deban renunciar con generosidad, a un derecho que les corresponde en favor de los débiles. La salvación de todos es lo importante, pues precisamente en la salvación de los otros es donde yo encuentro mi propia felicidad y paga. Es más, al transmitirlo, el Evangelio deja huellas en el que lo anuncia, participando de sus bienes también. Así pues, la total gratuidad en el ministerio se convierte en plenitud también para el anunciador y esta es la riqueza de Pablo como apóstol.

El Evangelio es de Marcos 1,29-39. Para el evangelista, la enfermedad y la muerte manifiestan el imperio del demonio, y toda curación es una victoria mesiánica contra las fuerzas del mal, un anticipo de la resurrección. Los milagros nos informan que el reino de Dios es una oferta que alcanza a todo el hombre, la verdadera liberación debe alcanzar a la integridad de la persona humana y a su libre relación con Dios. El narrador indica que Jesus curaba las enfermedades y expulsaba los demonios. Es decir, es el que restaura el plan de Dios sobre nosotros, que consiste en sacarnos de las garras del mal, del pecado y de la muerte, para ser libres y vivir en comunión con él.

Nos ilumina también el hecho de que Jesús saliera a orar cuando aun era de noche, solo así consigue adherirse a la voluntad de Dios; no se pone en el centro a sí mismo, sino al Padre, sustrayéndose a la tentación de la búsqueda de las muchedumbres y de los propios discípulos. Jesús realiza el verdadero éxodo que consiste en pasar de las expectativas de la gente a la difícil voluntad del Padre.

Que sepamos también nosotros, buscar la voluntad de Dios a ejemplo y con la ayuda de Jesús.

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