La Sagrada Familia, Ciclo B

La Iglesia nos invita a reflexionar sobre la institución de la familia y a tomar conciencia de su carácter sagrado.

La primera lectura del libro del eclesiástico 3.2-6.12-14 nos recuerda lo que en la Escritura fundamenta las relaciones de los hijos con los padres y viceversa: éstas, son un camino seguro para la observancia del mandamiento del amor a Dios y los padres son los colaboradores inmediatos de Dios en la transmisión de la vida, de ahí que tanto el Concilio Vaticano II en la Gaudium et spes y como luego nos recordará Juan Pablo II en la Familiaris Consortio, dirán que: «la familia es una comunidad de vida y de amor» ya que es la proyección de la vida comunitaria que existe en Dios (Uno y Tres). Es reflejo de su propia vida íntima.

El pasaje, pone de relieve que la relación entre el honrar a Dios y el honrar a los padres; respetarlos y cuidarlos, es obedecer a Dios; no apiadarse de ellos y abandonarlos en el momento de la prueba es despreciar al Señor.

La segunda lectura es de Colosenses 3,12-21, nos presenta también la comunidad cristiana como una comunidad de vida y amor animada por la misericordia, la bondad, la dulzura y la comprensión. Hay una relación estrecha entre la vida de familia y la vida de comunidad y es que tanto una como otra, son el terreno ideal para vivir las bienaventuranzas, como la de la misericordia: «Dichosos los misericordiosos, porque Dios tendrá misericordia de ellos» (Mt 5,7) o la de la dulzura o también, la no-violencia: «Dichosos los no-violentos porque ellos poseerán la tierra» (Mt 5,5).

En un mundo agresivo y violento son necesarias familias y/o comunidades en las que todos se sientan acogidos en la dulzura y misericordia con gestos y palabras. Igual ocurre con el perdón. Los miembros de las familias y/o de las comunidades, deben estar atentos a sus propias debilidades y a las de los demás. Para ello, necesitan ser generosos en ofrecerse el perdón, y por encima de todo el amor, que nace de la experiencia profunda del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús. En definitiva, valores como la obediencia, el respeto, el amor en el núcleo familiar y la educación de los hijos se releen a la luz de un constante punto de referencia: el modo de vida del Señor, libre y obediente al Padre. Cristo es el verdadero referente de toda vida familiar y/o comunitaria, de manera que todo cuanto sea hecho o dicho, sea hecho o dicho en su santo nombre.

El Evangelio de Lucas 2,22-40, nos presenta el relato del Anciano Simeón que representa la esperanza de un pueblo cumplida ya en Jesús aunque todavía no del todo. Simeón, por un lado, representa al pueblo que espera la consolación de Dios y expresa gráficamente la plenitud de su espera. El canto que canta al Dios que se ha manifestado salvador y poderoso en el acontecimiento de Jesús en quien se cumplieron todas las promesas, lo rezamos cada día en la oración de laudes.

Ahora bien, será bandera discutida, pues la persona y el mensaje de Jesús provocan una «criba», un «discernimiento» que nos sitúa o con él o contra él. Igualmente, nosotros, en la medida en que somos fieles al Evangelio, somos llamados también a provocar un discernimiento constante entre los hombres.

María, por otro lado, es el modelo ejemplar del pueblo de Dios de antaño y de la Iglesia para todos nosotros, que estamos inmersos en un mundo hostil y agresivo ante los valores verdaderamente humanos y éticos. Podemos imitarla en la medida en que como ella, acogemos la Palabra de Dios, que purifica, ilumina y da plenitud de sentido a nuestra historia.    

3 pensamientos en “La Sagrada Familia, Ciclo B

  1. Pingback: Adherirse a la bondad de Dios | Fraternidad Monástica Virtual

  2. Querido Padre José, hermano y amigo, te dejo aquí un abrazo fraterno, agradecido por todo el apoyo que nos has brindado en todo sentido durante el año. Quiera el Salvador inundar de gracia tu corazón e iluminar cada vez más tu ministerio. Que Su voluntad te lleve de la mano!

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  3. Gracias igualmente. Ha sido y sigue siendo un hermoso aprendizaje en torno a la Palabra, la oración y la vida. El Señor te bendiga y haga fecundas las oras de tus manos.

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