Navidad 2020, Ciclo B

En el marco de un cántico al Señor por la restauración de Jerusalén, la primera lectura de Isaías 52,7-10 nos muestra uno de los más hermosos mensajes en un tiempo en el que el pueblo está sometido al exilio y las preguntas acuciantes están a la orden del día: «Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz…que pregona la victoria, que dice a Sión: tu Dios es rey». El mensajero de parte de Dios, proclama: ¡Dios reina ya! Unas palabras que recobran todo su sentido en nuestro mundo acuciado por muchos interrogantes que parecen no tener respuesta, frente a los cuales hoy también proclamamos con fuerza la presencia de Dios, una presencia, siempre salvadora. La celebración del Nacimiento del Salvador nos permite contemplar y luego proclamar que Dios, aunque nos pueda desconcertar, ha actuado y actúa con poder por medio de su Hijo Jesucristo.

La segunda lectura de Hebreos, 1,1-6, nos indica que Jesús es la última palabra de Dios y quiere que esa palabra siga siendo proclamada en el mundo. Se nos invita con urgencia a la evangelización, a la proclamación de la Buena Noticia de las maravillas de Dios. El Hombre que había sido hecho a imagen y semejanza de Dios, descubre en Jesús, su grandeza y por tanto la necesidad de respetar a toda persona humana sea de la raza o nación que sea. En todo hombre y en todo acontecimiento humano, se esconde Jesús y espera que le busquemos. Navidad es entrar en la realidad de todos esos hermanos en los que se esconde Jesús.

En la humanidad de Cristo se oculta su divinidad. Celebramos que Dios está presente en Jesús y que estamos llamados a encontrarnos con él en cada hombre y cada mujer de buena voluntad.

El Evangelio es de Juan 1,1-18, en el recordamos la presencia de la Palabra en la creación y consecuentemente en la historia de toda persona humana, que existe por la Palabra y el Espíritu. La Iglesia quiere que el día de Navidad dirijamos una mirada respetuosa a la creación y a encontrar en el Niño, la Palabra eterna de Dios por la que todo fue hecho.

El Evangelista sintetiza en una frase toda la Historia de la salvación en la que se da la dialéctica continua de fidelidad a la Palabra y rechazo de la misma: «Vino a los suyos y los suyos no la recibieron», pero Dios no deja de lado su proyecto y los que la acogen, son hechos hijos de Dios. Esta es la gran novedad de la encarnación en el pensamiento de Juan: que Dios ha revelado su Palabra y la ha enviado al mundo para nuestra salvación de manera que la salvación de los hombres, el reencuentro con Dios, que hace posible la humanización verdadera y el encuentro con los demás, ha sido la finalidad de todos los dones de Dios y entre ellos destaca el de la encarnación.

El hombre, no solo es imagen de Dios por la presencia de la Palabra y el Espíritu sino hijo adoptivo con todos los derechos. Celebremos, por tanto, la Navidad, disfrutémosla y compartámosla generosamente haciéndola actual en nuestro mundo.   El no solo se ha hecho hombre, sino que se ha quedado entre los hombres y nos ha hecho hijos: «A cuantos le recibieron, les dio poder para ser hijos de Dios».

En Navidad nace Jesus y con él nacemos nosotros a una vida nueva. A nosotros solo nos queda agradecerle y alegrarnos por nuestra participación en su misma vida divina.

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