Inmaculada Concepción de María

María es modelo de la nueva humanidad salvada en Cristo.

La primera lectura es de Génesis 3,9-15.20. y recoge la respuesta de Dios a la lamentable situación creada como resultado de la desobediencia de nuestros primeros padres.

El árbol de la ciencia del bien y del mal significa que Dios se reserva el derecho a determinar lo que es bueno y lo que es malo. El hombre puede elegir, pero no determinar lo que es bueno y es malo. Su libertad está determinada por la voluntad de Dios de la que procede. Ese es el bien del hombre y la posibilidad de su realización y pleno sentido humano. El primer pecado ha sido un atentado a la soberanía de Dios, una reclamación de autonomía moral, por la que el hombre no se conforma con su condición de creatura.

Este relato leído en el marco de la fiesta de hoy indica que Dios proyecta establecer el orden primero y realizará un nuevo proyecto de restauración en María.

Dios se pone de parte del hombre frente a la serpiente, es más, la humanidad es herida en el calcañar, es decir en una parte no vital, mientras que la serpiente será herida en la cabeza. Por eso se ha definido el capítulo 15 como protoevangelio, es decir, primer anuncio de la victoria del hombre sobre el pecado y la muerte.

La victoria se atribuye al linaje de la mujer, esto es, a Jesucristo, que es el que aplasta la cabeza del enemigo en la cruz y en la resurrección. Jesús es por tanto el único salvador, el único mediador entre Dios y los hombres y la figura de María, encaja admirablemente en este proyecto. Ella es la nueva Eva y la madre de la Iglesia naciente junto al árbol de la cruz.

La segunda lectura es de Efesios 1,3-6.11-12, y se ha definido como el magníficat de Pablo, es un canto de bendición y alabanza a Dios, invocado no como Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, sino como Padre de nuestro Señor Jesucristo. Cristo es pues, el único Mediador,  el Mesías, plenitud de la espera de Israel.

La Iglesia, al introducir o elegir este texto para la fiesta de la Inmaculada Concepción, nos invita a dirigir la mirada a María como la primera y singular beneficiaria de esta actuación de Dios en favor de su pueblo por medio de Jesucristo, que es su Hijo al darle la naturaleza humana. Ella, es la primera elegida en el plan de Dios antes de la creación del mundo y recibe el don antes de experimentar el pecado; nosotros, en cambio, alcanzamos el don después de participar de él y  somos liberados de él por la fe y el bautismo.

El Evangelio de Lucas 1,26-38, indica la situación de María, que es una virgen, y de José, que es de la casa de David. Así pues, Jesús será hijo de David a través de José, que sin embargo no será su padre biológico. Lo será por la paternidad legal que produce los mismos efectos jurídicos que la paternidad natural, cuando así lo reconoce públicamente el padre. De este modo la Palabra se hará historia en un hogar humano, pero con una intervención divina del todo especial como lo demuestra la presencia de un ángel enviado del Señor.

Dios que capacita a aquellos a quienes quiere encomendar una misión especial, ha preservado a Maria del pecado, como afirma la fe de la Iglesia, de esta forma, Dios indica que la comunión con su voluntad lejos de restarle algo al hombre, le engrandece.

El sí de María, es eco del: «aquí estoy Señor, para hacer tu voluntad» (sal 39,8) con el que el mismo Jesus se adhiere a la voluntad salvífica de Dios, de forma que en el encuentro de esas dos obediencias se cumple el plan de salvación.

Un pensamiento en “Inmaculada Concepción de María

  1. Pingback: Lo que descubrimos en María – El Santo Nombre

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