Primer domingo de Adviento, ciclo B

Comienza este tiempo de Adviento. Una vez más, es el amor del Padre el que nos pone en camino hacia el Hijo que viene y así podamos acogerle en todas las ocasiones que él nos brinde. Miremos de ponernos nuevamente en camino.

La primera lectura es de Isaías 63,16b-17.19b;64,2b-7 y en ella se invoca a Dios con el afectuoso nombre de «Padre» cuya paciencia, que desea nuestra salvación, parece ser la causa del error y del endurecimiento del pueblo. De ahí, que se insista, con una de las invocaciones más acuciantes: «¡Ojalá rasgases el cielo y bajases! Bajaste y los montes se derritieron». Con esta expresión se indica que Dios es la única posibilidad de salvación porque es poderoso y ha demostrado siempre que puede hacer lo que ningún ídolo puede hacer. Dios no puede negarse a sí mismo, no puede volver la espalda a la obra de sus manos. Por eso el profeta clama movido por la confianza de un hijo: «No te excedas en la ira, Señor; mira que somos tu pueblo».

La segunda lectura es de 1 Corintios 1,3-9. En ella San Pablo muestra la esperanza en la manifestación del Señor, que es el pensamiento central de este primer domingo de Adviento. Vivir siempre en la esperanza, es propio de quienes han sido sellados en el Señor resucitado y glorioso. Pero la esperanza que ha de realizarse en la historia está sometida a las pruebas y dudas, por eso Pablo, prefiere subrayar que será el mismo Dios, quien los conducirá a ese encuentro definitivo con su Hijo. La esperanza, que ha de estar acompañada siempre de la fortaleza, la constancia, la longanimidad y la perseverancia, es para el cristiano, sabedor de su propia debilidad, ocasión de aceptar y reconocer la fidelidad de Dios, que quiere a toda costa llevar a buen término la vocación que Dios le ha dado.

El Evangelio es de Marcos 13,33-37 y comienza y concluye con la misma invitación: «Vigilad». Dios actúa definitivamente en la historia a través de signos y palabras. Es necesario estar atentos para ver y entender. Una lectura superficial podría parecernos que Jesus no revela el día y la hora de su venida para que los cristianos vivan en continuo temor. Pero la verdadera lectura, nos permite reconocer que en realidad todas las horas son buenas para abrirse al evangelio de forma que comprometa la existencia. Frente al deseo de conocer el final, se impone la preocupación por vivir y discernir cada tiempo y cada momento en la escucha y en la obediencia.

Esta enseñanza de Jesús desmiente los esfuerzos de ciertas sectas que se entretienen en calcular fechas y tiempos de la vuelta de Señor, pero no somos nosotros los dueños del tiempo, sino que lo es el Señor, por tanto, no debemos vivir en la preocupación sino en la confianza en el Padre y en su providencia.

La seguridad de la vuelta del Señor urge así, que nos comprometamos y seamos fieles en el tiempo que nos ha tocado vivir.

3 pensamientos en “Primer domingo de Adviento, ciclo B

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