Profesión perpetua de Sor Flor (Sierva de Jesús)

Rvv MM Rosalina y Lorena, M. Lourdes, Superiora de esta comunidad, Hermanas, sacerdotes, hermanos todos:

Cuentan que una vez estaba un sacerdote rezando delante de una imagen bizantina en una capilla y en eso llegó una joven y le preguntó si ese era el tesoro de aquella Iglesia. El sacerdote ni corto ni perezoso le dijo: no, el tesoro eres tú.

Cada uno de nosotros y de nosotras somos el tesoro de la Iglesia y en ella todos miramos a Cristo, que va por delante abriéndonos el camino.

Hoy ese tesoro eres especialmente tú, hermana Flor, que vas a hacer tu Profesión Solemne en presencia de las hermanas que te acompañan y con las que quieres llevar adelante tu vida y tu seguimiento de Cristo, en esta Congregación de siervas de Jesús. Lo que dijiste el día de tu bautismo o mejor, otros dijeron por ti, y lo que afirmaste el día de tu confirmación, hoy lo ratificas y lo quieres vivir fielmente en esta Congregación de Siervas de Jesús. En ella has encontrado tu forma de vivir el seguimiento de Cristo y de entregarte a él a través de los enfermos y los necesitados. Que bien os lo recordaba el papa Francisco, a propósito de este año jubilar que estáis celebrando, en los 150 años de la fundación: «querer quemar la vida por los enfermos, hasta el final y no solo quedar chamuscadas». 

A propósito de los enfermos, el año pasado, como sabéis, la Conferencia Episcopal, sacó un documento titulado: sembradores de esperanza: acoger, proteger y acompañar en la etapa final de la vida. Aunque se centra de manera especial en la etapa final de la vida. Cuando lo leía pensaba especialmente en vosotras, las Siervas.

Empieza haciendo referencia a ese texto de Ex 3,5: «quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado» y continúa diciendo: «si entrar en la vida de una persona constituye siempre caminar en terreno sagrado, con mayor razón, cuando esta vida está afectada por la enfermedad o ante el trance supremo de la muerte». Creo que esto lo entendió perfectamente bien, Santa María Josefa, de manera que como sigue diciendo el documento: «la alegría del Evangelio debe alcanzar a todos, de manera especial a los que viven en el sufrimiento y la postración».

Hoy afirmas que quieres seguir los pasos de Jesus según el modelo de vida ideado por Santa Josefa. Ella que no se achicó ante las dificultades, que no le fue fácil en muchos momentos llevar adelante su vida y proyecto, no se quedó en el lamento ni en la desilusión, sino que se puso en marcha y poco a poco después de mucho esperar y buscar, encontró el camino a seguir:  el de entregarse a los pobres y enfermos desde una vida comunitaria y de profunda intimidad con él. Las lecturas que hemos escuchado nos invitan a esa relación profunda con el Señor a la que él te llama y nos llama: «levántate, ven a mí», decía por dos veces la primera lectura, que hemos escuchado del Cantar de los cantares. Así lo pones de manifiesto hoy al profesar, ya pasado el tiempo de preparación y formación, «pasado el invierno», decía la lectura, y así haces de esta relación con Cristo, la fuente de tu vida, de tu apostolado y misión de cara al mundo.

Igualmente, hoy como hemos escuchado en el Evangelio, en la Anunciación a María, se te comunica la Buena Nueva de que el Señor está contigo y de que por ti y a través de ti él quiere seguir viniendo a nosotros, renovando así el misterio profundo de su amor por nosotros y no dejando de llamar a mujeres y a hombres que acogiendo la semilla de la Palabra puedan darle vida en su corazón y puedan alumbrar con ella las tinieblas de este mundo, mediante  su entrega como él, hasta la muerte.    

Jesús nos muestra el camino de la entrega a Dios y a los demás sin límite. Muchas veces tendrás que renovar ese sí que hoy das, en medio del dolor y del sufrimiento propio y ajeno, pero él pondrá en ti su Espíritu y la palabra capaz de llevar al otro la salud, la alegría y la esperanza. Te incorporas así a la misión, sin perder de vista los consejos evangélicos de: castidad pobreza y obediencia. El voto de obediencia es a fin de cuentas el más radical de todos, pues significa que no llevas tu propia vida sola, sino que te dejaras guiar, conducir por el Señor en las mediaciones que él nos da. Pero también lo haces dentro de una disciplina, de una comunidad fraterna en la que serás disponible, transparente y esa transparencia te la dará la castidad, que te permite vivir un amor abierto a todos, reservar tu vida para el Señor y desde él para todos. Y como no, la pobreza, sin ella es inalcanzable esta meta porque significa que te apoyas no en nada ni en nadie, sino en Dios, harás tu trabajo lo mejor que sepas y eso para que tu servicio sea auténtico, no para para tener más o para tener más fama. Pobreza, castidad y obediencia son las tres luminarias que pondrán en tu vida luz y sal sobre todo en los momentos difíciles, ya que, aunque el mal está presente en el mundo junto al pecado y lo adverso, el que se fía de Cristo, camina sobre las aguas, tiene fuerza y si experimenta la debilidad el Señor nos tiende la mano como a Pedro cuando dice: «Sálvame Señor que me hundo». Dichosa tú que te ofreces así al Señor y haces posible que este Instituto de Siervas de Jesus pueda seguir adelante con su misión. Eso es algo que solo Dios te puede dar y a la vez, recompensar.

En definitiva, que: que seas feliz en el Señor y que puedas llevar su Buena Nueva de la salud, de la salvación y la paz, a todos los necesitados de ella.

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.  

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