Fiesta de todos los santos

La fiesta de todos los santos nos recuerda la vocación a la que hemos sido llamados que no es otra que la santidad.

La primera lectura es del libro del Apocalipsis 7, 2-4. 9-14. Nos recuerda a Éxodo 12, cuando el ángel exterminador «pasó de largo» por las casas de los judíos con la sangre del cordero. Ahora, concluido el listado de los marcados: 144.000 señalados de las doce tribus de Israel (resultado de la multiplicación de 12 por 12000) es decir, todo el pueblo de Israel, habría que esperar la destrucción, en cambio, inesperadamente irrumpe en la escena una muchedumbre incalculable, que desborda los confines de Israel. Esta muchedumbre inmensa se une al resto de Israel y juntos alaban a Dios y al Cordero. Dios, tiene un proyecto universal para todos y para todas las naciones, pero es necesaria la respuesta libre de cada uno y la fidelidad mantenida en medio de las dificultades de este mundo. Es necesario vigilar y orar para no caer en la tentación de la apostasía, del abandono, de la renuncia a seguir adelante en el camino marcado por el Evangelio y asumido por todos en el bautismo. El final de la historia es la gran celebración de la muerte y la resurrección del Señor y para la que todos han recibido un traje blanqueado en la sangre purificadora del Cordero, siervo de Yahveh. A esa fiesta de los santificados en Cristo, estamos invitados.

La segunda lectura de 1 Juan 3,1-3, nos enseña que somos Hijos y como tal hemos de vivir, pero en la esperanza de que esa filiación, llegue en nosotros a su plenitud, como deseamos y conforme al proyecto original de Dios. Esta filiación tenida realmente en cuenta, cambia nuestras relaciones laborales, sociales, familiares, haciendo posible el reino de los hijos de Dios, tal y como nos enseñó a orar Jesús: venga a nosotros tu reino.

En nuestra historia saturada de experiencias de muerte que parecen desmentir el proyecto de Dios, resuena un mensaje: lo que anhelamos consciente o inconscientemente se nos asegura en Cristo resucitado.

El Evangelio de Mateo 5,1-12ª nos presenta las bienaventuranzas, que son la Carta Magna del Reino. Es la página más original del Evangelio de Jesús y en ellas nos invita a identificarnos y a alegrarnos con Él. Nos viene a decir: Os declaro felices y me alegro con todos vosotros (pobres, afligidos, hambrientos, perseguidos), porque yo sé muy bien cómo os mira mi Padre celestial. No es la persecución ni la pobreza el motivo de vuestra felicidad, sino el lugar que ocupáis en el corazón de mi Padre celestial amoroso generoso y bondadoso.

Las bienaventuranzas, alcanzan de este modo, el corazón de los problemas de los hombres y les ofrece una respuesta que sólo Jesucristo puede dar. De este modo lejos de cortar todo anhelo de progreso y de liberación lo impulsa, pues Dios está por encima de toda realidad defectuosa, injusta, viciosa y la quiere reconstruir. La santidad es vivir conforme al Espíritu de Jesús fiándonos de su Palabra y su ejemplo, orando como nos enseñó y siendo así fermento para una transformación de la sociedad, lenta pero verdadera.

2 pensamientos en “Fiesta de todos los santos

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