La resurrección de la carne

La muerte es la separación del cuerpo y del alma, en cambio la resurrección es la recuperación de nuestra unidad sustancial de cuerpo y alma, pero no como éramos, sino de un modo nuevo.

La Redención ha afectado a todo nuestro ser alma y cuerpo de modo que como afirma Tertuliano: «La carne es el soporte de nuestra salvación». Es decir, que si no resucita la carne no resucitamos. San Pablo en 1ª Tes 4,13-14 dirá que: «si creemos que Jesús murió y resucitó, del mismo modo, Dios llevará con él, por medio de Jesús, a los que han muerto». Y en 1ª Cor 15,13-14: «si no hay resurrección de los muertos tampoco Cristo ha resucitado y si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y nuestra fe».

Así pues, estamos llamados a la vida, a la resurrección, a una vida nueva que no sabemos como será, pues: «cuando resuciten, ni los hombres se casarán ni las mujeres serán dadas en matrimonio, serán como ángeles del cielo» (Mc 12,25).

Jesús, que nos ha rescatado del pecado y de la muerte, es el que nos resucita y el Padre ha tenido a bien a darnos por medio de él, la vida perdurable, que no conoce ocaso y que no tiene fin: «nadie puede venir a mi si no lo atrae el Padre que me ha enviado y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6,44)

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