Domingo XXX, T.O. Ciclo A

La ley, debe ser entendida como signo de la presencia de Dios, que es misericordioso con su pueblo y cuida especialmente, con esmero y amor, de aquellos miembros más desasistidos e indigentes y que están desprovistos de alguien que les defienda. Este es el caso de los extranjeros, carentes de un clan, del huérfano y la viuda, carentes de padre o marido y el pobre carente de abogado. De estas personas, Dios se presenta como el defensor, o sea, como abogado, marido, padre y familia.    La primera lectura de Éxodo 22, 21-27, es una prueba de esto. No se trata de simples normas filantrópicas sino de exigencia teológica, pues quien ha conocido a Dios debe actuar conforme a la verdad de este Dios misericordioso y cariñoso. Lo mismo ocurre con el préstamo del dinero. Hay que hacer desaparecer todo tipo de usura en las relaciones económicas entre los miembros del pueblo. El quebrantamiento de esta voluntad de Dios provocó un gran número de pobres que se habían vuelto incapaces de devolver los préstamos usureros.  La razón sigue siendo: «si grita a mi yo lo escucharé, porque yo soy compasivo».

La segunda lectura tomada de 1ª Tesalonicenses 1,5c-10 Pablo, habla de los problemas que tuvo en la evangelización de esa comunidad y como los tesalonicenses han seguido su ejemplo en su integridad en la fe y en su valentía frente a las tribulaciones. Ahora ellos experimentan lo que significa ser discípulos de Jesús de verdad. La clave está en la alegría con que acogieron la Palabra entre tanta lucha, con la alegría del Espíritu Santo, de forma que ahora son ellos modelo para las demás iglesias, al haber hecho un largo recorrido desde las prácticas paganas hasta la experiencia limpia del Evangelio. En ellos se ha patentizado la alegría de los que viven la bienaventuranza de Jesús: dichosos los perseguidos por mi y por la justicia porque Dios es realmente su rey.

El Evangelio, tomado de Mateo 22,34-40, nos da al igual que el domingo pasado, la respuesta de Jesus a otra cuestión importante: ¿Cuál es el mandamiento más importante de la ley? La respuesta de Jesús orienta la cuestión en varias direcciones. La primera se dirige hacia la oración que los judíos recitan tres veces al día y que es una profesión de fe en el Dios único y verdadero. Sólo desde el reconocimiento de un único Dios se puede hablar de un amor exclusivo. En segundo lugar, Dios quiere ser reconocido y amado con todo el corazón, es decir, con toda la interioridad: inteligencia, voluntad, sentimientos. En tercer lugar, a esa exclusividad de Dios, se añade la novedad de Jesús al poner el mandamiento del amor fraterno o al prójimo en el contexto y en la esfera del amor de Dios.

En Jesús descubrimos el modelo supremo para hacernos prójimos: la atención solícita ante las necesidades del otro, el perdón y reconciliación con el enemigo y el servicio al amigo y al hermano.   Un amor universal y sin fronteras esta es la novedad a la que apunta el Evangelio y que ya está presente en la ley y en los profetas  

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s