En la escuela de la Cruz

«Vemos a Jesús coronado de gloria y honor por su pasión y muerte. Así, por la gracia de Dios, ha padecido la muerte para bien de todos. Dios, para quien, y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar a una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimiento al guía de la salvación». (Heb 2,9b-10)

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En el día de la Exaltación de la cruz quiero comenzar estos relatos  que no quieren ser sino la petición de admisión al Señor Jesús en su escuela de perfecta consagración, mediante el sufrimiento para así, poder llevar a muchos a la gloria.

La matrícula con la tasa correspondiente, no es otra sino dejar la vida en las manos de Dios, darle un cheque en blanco.

En esta escuela quiero encontrarme con muchos y grandes maestros y compañeros, espero aprovechar bien mi tiempo y sobre todo estar muy atento a las lecciones del Maestro. ¡Ah! y para las vacaciones espero poder ir al cielo, en donde por fin poder descansar y ya olvidado completamente de mí mismo y muerto del todo al pecado, pueda ver eternamente a mi Creador y Señor, por quien y para quien existen todos y  todo.

1ª lección: saber mirar

En la escuela de la cruz en la que me acabo de matricular, no hay ganas de sufrir sino ganas de amar y el que ama sufre, sufre al ver al otro sufrir, sufre de no poder amar, sufre por no poderse entregar.

El sufrimiento es grande, pero poco podemos si Jesús no nos permite acompañar desde él a los demás. Basta con saber que mi cruz es la de Jesús y todo cambia y se renueva, pues ya no eres tú sino Cristo el que sufre en ti.

Yo, tu, podemos prestar a Cristo nuestro sufrimiento. Yo puedo hacer que Cristo ame a través de mí y en consecuencia que sufra a través de mi. Gracias a ti y a mí, gracias a mi sufrimiento, al tuyo y al de todos, entregado a Cristo, él sigue presente  actuando y amando en este mundo. Esto es un misterio tan grande que casi no se puede abarcar y sin casi: ¡no se puede abarcar! tan solo mirar, contemplar, amar.

2ª lección: saber admirar

Dicen que la cruz está repartida por todo el mundo, que hay trozos y astillas de la cruz por todas partes. La segunda lección es que todos de una forma u otra tenemos algo de cruz. Unos más u otros menos y que se trata de seguir a Jesús con esa cruz. Y de formar entre todos la única cruz de Cristo. La de Cristo, que es una sola. «El que no toma su cruz y me sigue no es digno de mí». (Mt, 10, 38).

Entre todos los que siguen a Jesús con su cruz, sea la que sea, formamos la cruz que Jesús va a convertir en fuente de salvación y de victoria sobre el pecado, el mal y la muerte. Desde ahí no solo hemos de proclamar dichosa, la cruz de Cristo, sino la mía propia, la que me lleva a unirme a Cristo y la que me permite participar de su salvación.

¡Oh Cruz, bendita Cruz!, por la que puedo unirme a tu Cruz. Dichosa participación, sin ella me vería privado de tu misericordia de tu amor, de tu bondad, de tu cuerpo, de ti. Esta lección que hoy me das es una de las más valiosas y no la quiero olvidar.

3ª lección: saber acoger

María al pie de la cruz, junto al discípulo amado, me enseña también algo siempre nuevo. María es la fidelidad, ella es la Iglesia fiel, la Iglesia perseguida, la Iglesia siempre en pie y dispuesta a dar razón de la Esperanza ¿Quién podrá apagar el amor de Dios manifestado en Cristo y en María en la cruz?

Este amor es como un río imparable, en crecida, que todo lo arrasa, pero que todo lo renueva y sana. El dolor de María junto a la cruz no es menor que el dolor del crucificado. Es un dolor fecundo, como el de un parto en donde el esposo y la esposa, María, que representa a la Iglesia, hacen posible el discipulado, el seguimiento, lo esperado.

Juan es el discípulo amado, el que hace presente la nueva humanidad que acoge la novedad de un amor que es tan grande que redime, que salva, que regenera, que recrea. En el calvario asistimos al nacimiento de una nueva humanidad. Allí el árbol del paraíso ha sido sustituido por el árbol de la cruz, el fruto de ese árbol es Cristo y es María la que da comer de ese fruto a todo Adán y a toda Eva, a todo hombre y mujer que sienta hambre de amor, de justicia , de paz, de Dios.

4ª lección: dejarse amar

El amor se recibe, amar es ser amado, en la cruz sea cual la cruz, somos amados. No me tengo que extrañar ante la cruz, solamente tengo que dejarme amar.

En la cruz es donde me encuentro con el amor, por eso la cruz es el lugar de la salvación y no el lugar de la huida ni de la perdición.

Si hasta ahora he huido de la cruz y he intentado buscar el amor fuera de la cruz, ahora he aprendido que la cruz es el lugar donde se acoge el amor del Padre, porque la cruz después de Cristo, ya no es lugar del suplicio sino el lugar de la salvación y del perdón. Dichosa cruz, bendita cruz, ¡oh! Santa cruz.   

5ª lección: ser solidario

En la cruz uno no acoge al pobre, sino que se identifica con el pobre y con todos los pobres.

La cruz es hacerse pobre con el pobre, es saberse al lado del débil. Cuesta entender que el pobre es el que reina, pero es así. El pobre, es el protagonista de la historia, es el que reina en la cruz. Por eso siempre necesitamos mirar a la cruz, porque en ella radica nuestra salvación y esa salvación esta en el pobre y en saberse pobre y necesitado como y por Jesús.

El que mira la cruz no mira el descalabro sino la salvación, no mira la muerte sino la vida. No mira el dolor sino el amor. El pobre que mira la cruz se sabe rico y amado por Jesús.

6ª lección: tener altura de miras

En la cruz se está, pero desde la cruz se ve todo con una gran altura de mira. Efectivamente, en la cruz se está por encima de todo y de todos. En realidad, es la única manera válida, de estar por encima del otro.

La lección es esa y es muy grande. El otro o los otros te llevan a la cruz pero haciendo eso te colocan en el lugar exacto  para contemplar, ver mirar a uno mismo y a los demás.

La diferencia de la cruz de Cristo con respecto a las demás es que, en ella, Jesucristo, el hijo de Dios, el Señor, nos ha mirado y nos ha amado, y así nos ha salvado. Eso que tenía todas las papeletas para que fuese nuestra condenación, pues qué se puede esperar de matar a un inocente, se ha convertido en salvación, pues allí es donde Dios me amó y proclamó el mayor perdón.

Desde entonces el mundo ha cambiado, la semilla está echada, solo hace falta que crezca, a la sombra y cobijo de la misericordia.

7ª lección: acoger la novedad

En la cruz todo es nuevo. El día, el trabajo, la relación.

En la cruz nada se repite y si se repite es desde un ángulo distinto que le da más amplitud y sentido.

Por ello, en la cruz no hay temor sino dolor y sobre todo amor.  Es el amor lo que hace nuevas todas las cosas y lo que da sentido a lo que realizamos. No admite la autocompasión y sí la entrega desde la seguridad de que, pese a todo, hay un amor mas grande que es el que da sentido a todo incluso a la cruz. Ese amor lo sostiene todo y nos llama a esperar algo nuevo y lleno de vida: la resurrección, la vida definitiva.

En la cruz está la máxima oscuridad de la noche, pero está también la máxima apertura a la luz del nuevo día que se avecina, sin que nada ni nadie lo puedan impedir ni parar. 

8ª lección: no temer la soledad

En la cruz no hay nada y todos están lejos. Todos miran y se lamentan: «mirad al que tanto prometía», «mirad el que hablaba del Padre».

Allí en la cruz se es como un gusano que a todos da asco y provoca desprecio. Ni siquiera se mira y si se mira es para escupir.

Nada , nada, nada, en la cruz no hay nada. Es el mayor desprendimiento, es la mayor soledad es el mayor vacío, el mayor desprecio. En la cruz no hay nada. Pero de la nada fue creado todo, luego en la cruz está el comienzo de todo. No hay nada sin todo, ni todo sin nada. He ahí la lección

Gracias Señor por llevarme de la mano de la nada hacia el todo. ¡Oh cruz! santa y bendita, tesoro sin par, puerta siempre abierta hacia la luz, la vida y la verdad.

9ª lección: sufrir por el otro: el sufrimiento vicario

A la cruz se llega por amor y se está por amor. Se sufre por muchas cosas, pero en la cruz, para amar y completar el amor.

Estamos incompletos, necesitados, no llegamos a la talla, tampoco damos el peso oportuno. Solo el sufrimiento de unos por otros nos puede hacer llegar al lugar exacto y a la medida oportuna. Por eso en la cruz no solo me salvo sino que salvo a los demás.

Gracias Padre porque en la cruz y en toda cruz veo no un signo de castigo y de rechazo, sino de amor y gratuidad, de salvación y de bendición.

En la cruz, nada ni nadie me podrá apartar de ti ni de tu amor. En la cruz me uniré a ti y a los demás. En la cruz comprenderé todas las cruces. En la cruz pues amaré, moriré, resucitaré y veré

10ª lección: a la cruz se llega amando

No hay amor más grande que el que da la vida por los demás.

Esto es la cruz, amar y amar sin medida y cuanto más amor más en la cruz se está.

«Estoy crucificado con Cristo», dice San Pablo. No dice: -sufro mucho-. El discípulo, es el que ama mucho. El amor se ha vuelto don y el sufrimiento se ha convertido en amor.

Cristo, reina desde la cruz, esa es su verdad y esa es la verdad de todo hombre: la cruz nos salva, porque nos permite  entrar en el amor.

Solo desde la cruz se puede reinar de verdad y Cristo es el que da testimonio de la verdad, la que nos hace libres. Por eso es rey, porque nos muestra la verdad haciéndonos libres.

Por tanto, el es el verdadero rey; él es el que ama de verdad y el que ama como él  está crucificado con él.

11º lección: la cruz es la verdad

Jesucristo nos lo enseña todo en la cruz. Es la cátedra desde la que nos muestra la Verdad:

Nos enseña a estar en silencio y a hablar. Nos enseña a mirar y a orar.

Nos enseña a esperar y a comprender. Nos enseña a amar.

Nos enseña a perdonar y a dar. Nos enseñar a expirar.

El maestro es el que sube a la cátedra para enseñar la ciencia de la cruz y el discípulo, el que está a los pies, para acogerla con agradecimiento y bondad.

 Así es como  aprende a estar y aprende a amar.

Que yo te mire Señor y aprenda a contemplar la verdad en tu Verdad.

Concédeme Señor estar hoy con Maria al pie de la cruz, contemplando para darlo a los demás.

12ª lección: pobreza real

La cruz es la pobreza radical. No hay más.

En ella sólo hay desprecio y soledad.

Hay vergüenza e ignominia.

Hay afrenta y necesidad.

En la cruz no hay nada, solo vacío y mezquindad

¡Oh! si pudiera vaciarme de todo: afectos, necesidades, , miedos y vanidades.

Vacío de todo y de todos, sin nada, absolutamente nada.

Oh! si pudiera quedarme sin nada, sería feliz en medio de tanta adversidad

Dame Señor tu paz y tu esperanza para sin tener nada, tu paso me deje, acoger tu Palabra.

13ª lección: la Escuela obligatoria

«Dios, para quien, y por quien existe todo, juzgó conveniente, para llevar una multitud de hijos a la gloria, perfeccionar y consagrar con sufrimientos al guía de su salvación». (Hb 2,5-12)

La cruz es donde se aprende de verdad, no de oídas, es donde uno se perfecciona con provecho. En la cruz hemos aprendido la verdad de nosotros mismos: que soy reo de muerte y esa es mi verdad. No hay más verdad. Debo morir. «mis pecados son superiores a mis fuerzas». Jesús me enseña cual es mi destino sin más: la muerte, la condena, la burla y el desprecio, ese soy yo.

Pero entonces todo cambia. El Señor me enseña a las claras que a partir de ahí todo lo convierte en don ya que en realidad él es el que ha sufrido por mí. No puedo dejar de reconocer su amor en el hecho de que haya sufrido tal ultraje. Es más,  jamás se vio que nadie diera su vida por sus enemigos.

Señor, enséñame a acoger tu amor y a ser contigo guía de salvación, ayúdame a ser perfecto como tú en el sufrir,  ya que no soy capaz de amar.

Sé que no me negaras este don y que me enseñarás tan alta  lección.

14ª lección: en la cruz se respira con gran profundidad.

El que está en la cruz solo puede hacer una cosa y es respirar en profundidad

El esfuerzo por respirar es cada vez más grande, pero eso es lo único que le enlaza con la vida.

Nunca mejor dicho, la vida depende de un hilo y ese hilo es la respiración.

La respiración en la tradición hesicasta es sinónimo de oración.

Luego, con las ultimas respiraciones el que está en la cruz llega al final de su vida y de su oración.

El final sobreviene ante la imposibilidad de respirar y por tanto de orar, es la asfixia total.

El crucificado es un asfixiado que ha dado sus últimas bocanadas y con la vida termina también su oración.

Mientras hay vida hay esperanza, y mientras hay vida hay oración. 

En la cruz aprendemos que la vida en este mundo es oración y que esta se confunde con la respiración.

15ª lección: en la cruz está la tentación

En la cruz se siente la soledad, congoja, ganas de huir.

Qué difícil es estar en la cruz, con lo fácil que es dejarlo todo y salir.

Además, no serán pocos los que consideren que así, has hecho una gran labor,

que finalmente te has puesto en tu sitio y que ya era hora de hacer lo debido.

Hoy siento Señor que me quieres en la cruz de mi pobreza y debilidad

Hoy sé Señor que me enseñas a amar de verdad y que solo quieres que te acompañe en la debilidad.

Sea mi vida un acompañarte en ese momento, un no dejarte solo en esa situación tan penosa.

Seguramente también reciba alguna injuria o alguien me diga que estoy haciendo méritos

Es igual yo simplemente estoy contigo contemplándote, sin apartar la  mirada de tu rostro ensangrentado, pues  no hay mejor libro que el  mirar y contemplar tu rostro anonadado.

Por eso, quiero estar contigo en tu ultima agonía, quiero estar contigo en la cruz, quiero aprender tu ultima lección: arder para dar luz.

16ª lección: amar y esperar

Que hermosa es la cruz y que difícil ascender por ella.

Todos queremos destacar, ser alguien, que te valoren, que puedas desmostrar tus valores.

En la cruz, en cambio no hay que hacer nada, simplemente estar, cumplir tu misión y esperar.

Has hecho lo que tenías que hacer y nada más. En la cruz no hay méritos, en la cruz no hay títulos, en la cruz solo cabe esperar.

Un árbol puede estar años y años en un paraje y de pronto ser cortado. Esta lección es la lección de la cruz: sufrir y amar sin esperar nada mas. Por eso no te extrañes de lo que te pido. Lo que te pido es que sigas en la cruz. Porque mientras estés en la cruz muchos tendremos esperanza y ganas de amar como tu cada vez más.

Eso es la cruz, amar sin más, y el que así ama, es necesario para el mundo y para los demás.

El que te mira en la cruz sabe de amor y eso es lo que hoy me has enseñado tú, Señor.

17ª leccion: En la cruz se nos abre el paraíso.

Cuando el hombre fue expulsado en el paraíso ya no podía volver a él.

Se cerró  y así estuvo hasta la venida de Cristo.

Con Jesucristo, se abre nuevamente la posibilidad de acceder a él pero esa posibilidad pasa por la cruz.

El que está en la cruz con Cristo es el que estará en el paraíso con él.

Es necesario: estar en la cruz con Cristo, como el buen ladrón, porque el otro, el que estaba en el otro lado, estaba en la cruz pero no estaba con Cristo, seguía en su pecado. En cambio,  el que está con Cristo, ya no está en el pecado, al reconocer que el es el santo, y el inocente que se entrega por todos, ha quedado libre del mal y del pecado que nos ata a este mundo. A este pues, se le abren las puertas del paraíso y Cristo se une a él. La lección es clara: el que está con Cristo en la cruz ha vencido con Cristo y la victoria le abre la puerta del paraíso. Regresar al paraíso es posible tras haber muerto con Cristo en la cruz.

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