Domingo 24, T.O. Ciclo A

Hay una relación entre el cumplimiento de los mandamientos que se resumen en el amor a Dios y al prójimo y el perdón. Así nos lo recordaba la primera lectura de: Eclesiástico 27, 30-28, 9: «Acuérdate de los mandamientos»: ahí tenemos manifestado el amor a Dios, y «no guardes rencor a tu prójimo»: ahí tenemos reflejado el amor al prójimo. Más adelante nos dice: «perdona a tu prójimo la ofensa y, cuando reces, serán perdonados tus pecados». Jesús al comentar el Padre Nuestro, dirá también en este sentido: «Si vosotros perdonáis a los demás sus culpas, también os perdonará a vosotros vuestro Padre celestial. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas» (Mt 6,14ss).

En definitiva, la Escritura nos alecciona de que la venganza del hombre atrae la venganza de Dios. Pues bien, esta tendencia a eliminar la venganza y sus consecuencias, sigue siendo un mensaje con vigor a partir de Jesús y actualmente, de manera que, solo desde la desaparición real de la venganza tanto en el corazón humano como en las relaciones sociales, será posible construir una sociedad en justicia, paz y respeto sincero por todas las personas. Así, podemos contraponer a la venganza, el perdón y la acogida sin condiciones del otro pues Dios me acoge a mi sin condiciones y más aún, muestra su poder con el perdón y la misericordia. De modo que el perdón y la misericordia que pedimos a Dios, hemos de pedirlo también en nuestras relaciones humanas

También en la Segunda lectura de Romanos 14,7-9, está presente, la acogida del hermano, teniendo en cuenta que Cristo nos ha acogido a todos por igual, de modo que: «ninguno de nosotros vive para sí mismo ni muere para sí mismo; si vivimos, vivimos para el Señor; y si morimos, morimos para el Señor». Pablo, recuerda con toda claridad que el único Señor de las personas y de las conciencias es Cristo Jesús. De este modo, nos persuade a cambiar de mentalidad. Frente al criterio como que: “lo importante es lo que me parece mejor, lo que me conviene más o me procura bienestar” Pablo, propondrá otro: “lo importante es que el otro posea el mayor bienestar posible y que lo que al otro le conviene y le construye es lo mejor”.

El Evangelio de Mateo 18,21-35, nos muestra sencillamente que el perdón no admite matemáticas ningunas. El mensaje gira en torno a una pregunta ¿Cómo es posible que el rey perdone toda la ingente deuda del siervo por lo que se le pidió y éste no sea capaz de perdonar la ridícula que tiene contraída con él un hermano suyo? Si el perdón del rey es total, gratuito y sin condiciones, el perdón y condonación del siervo con su compañero ha de ser también: total, gratuito y sin condiciones. La interpretación en el orden religioso es: Dios perdona siempre a todos (aunque sea ingente la deuda) y gratuitamente, consecuentemente, los hijos del Reino deben hacer otro tanto cuando se trata de sus hermanos. Por otra parte, la condición del perdón es que ha de ser de corazón: “Lo mismo hará con vosotros mi Padre si cada cual no perdona de corazón a su hermano”. Allí donde llegó el perdón del Padre (corazón) es desde donde ha de partir el perdón para el hermano. Dicho de otro modo: Dios cuando perdona, olvida y lo mismo han de hacer los discípulos de su Hijo: Jesús.

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