Domingo 18, T.O. Ciclo A

El Hombre necesita la salvación que viene de Dios.

La primera lectura tomad de Is 55, 1-3, nos muestra como esa necesidad de ser salvados por Dios es similar a la necesidad que tenemos de cara a la propia supervivencia. Nos ayuda a entender esto, cuando Jesús nos invita a pedir al Padre, como hijos suyos, el pan de cada día. Ello incluye todos los bienes que el hombre necesita en su totalidad, para conseguir la salvación y experimentar así la solicitud de la Providencia en su día a día. En una palabra, que Dios sabe y conoce lo que necesitamos y lo que nos hace falta, de manera que su Salvación llega hasta lo más profundo de la realidad humana.

La segunda lectura de Rm 8,35.37-39, nos invita a reconocer algo que siempre hemos de recordar: nada ni nadie puede separarnos del amor que Cristo nos tiene, como tampoco nadie puede alejarnos del amor que nosotros tenemos a Cristo, pues el amor que Cristo nos tiene, es la raíz, la causa y la posibilidad de cualquier otra forma de amor. Su amor es, en definitiva, la causa de nuestro amor mutuo incluido nuestro amor a él. Así lo expresa el Evangelio de Juan en la última cena: «amaos mutuamente, porque yo os he amado primero». De entre los múltiples sentidos que la palabra amor tiene en el Nuevo Testamento, aquí se nos habla de un amor desinteresado y de amistad. Pues bien, este amor de Cristo por nosotros y que no tiene límite, San Pablo, lo opone a necesidades también límite que nosotros podamos tener. El resultado es pues, algo novedoso sobre todo en un mundo en el que todo se compra y se vende y todo se rige por letras pagares, inversiones y desfalcos económicos. Pues bien, ahí, los cristianos hemos de enarbolar la bandera del amor gratuito de Dios siempre y sin medida, tal y como se nos ha manifestado en Cristo Jesús.

El Evangelio de Mt 14,13-21 nos muestra a Jesús que multiplica los panes, movido por la lástima hacia la gente. A ello une la invitación a los discípulos a hacer ellos lo mismo, es decir, que deberán tener sus mismos sentimientos. Ahora bien, una cosa es el pan necesario para vivir y otra el pan necesario para conseguir la vida que ya comienza aquí en primicias y entre tribulaciones y que no terminará jamás. Ambos extremos están presentes en el gesto de Jesús. Esa relación entre el Pan y el pan, es importante, pues solo quien sabe compartir el Pan, sabrá también compartir el pan; solo quien tiene esperanza en los bienes imperecederos y eternos, es movido a compartir los bienes temporales y pasajeros.

Jesús es el que nos enseña e invita a amar y a compartir, con un corazón semejante al suyo, de ahí que hoy nos diga también a nosotros: «dadles vosotros de comer»  

 La oración de unos jóvenes prisioneros nos ilumina: «El cansancio y la debilidad han oprimido nuestros corazones. No tenemos ni alimento espiritual, ni descanso corporal, ni consuelo. La nostalgia, la espera y la esclavitud nos están agotando. Jesús misericordioso, imploramos tu compasión, nos abrazamos a tu costado abierto. Corazón misericordioso e inflamado de amor, apriétanos con los lazos de la piedad, el amor y la unión. Ayúdanos a regresar pronto a nuestra tierra, para que podamos cumplir mejor; siempre mejor las tareas encomendada por el Creador. Amen (jóvenes lituanos en un campo de concentración siberiano)

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