Domingo 16, T.O. Ciclo A

Dios cuida de todo y es indulgente, justo y compasivo con todos.

La primera lectura de este domingo, es del libro de la Sabiduría 12, 13.16-19;  nos muestra como la sabiduría  de Dios no tiene medida, de ahí, que su gobierno sobre el mundo no se ajuste a nuestros parámetros. Dios es mostrado como el bienhechor por excelencia, e Israel es llamado a presentar ante el mundo a este Dios que es justo y salvador. De ahí que todos los que le acogen sean invitados a adoptar una actitud humanitaria, pues este obrar del hombre de fe tiene su fundamento en Dios mismo, que ama a todos, sabe esperar nuestro arrepentimiento y nos enseña a amar con su mismo amor, paciente y misericordioso.

La segunda lectura, tomada de Rm 8,26-27, algunos la han definido como una autobiografía de Pablo o también como una radiografía del hombre, que arrastrado por un gran deseo de vida y de bienestar o felicidad, no atina fácilmente a dar con el camino que le conduce a satisfacer este deseo. La presencia y la actuación del Espíritu se hacen imprescindibles para encontrar la luz que dirige los pasos del hombre por la senda adecuada, pues nuestra debilidad nos hace no solo impotentes para obrar el bien, sino hasta para comprender cual es el verdadero bien. Pablo nos enseña, llegados a este punto que ahí justamente es donde Dios viene a socorrernos, de manera que el propio Espíritu asume nuestros anhelos y deseos y los hace suyos, dirigiéndolos por el camino de la verdad y la fecundidad, de forma que la opción adoptada por el hombre sea finalmente acorde con la voluntad de Dios, que el Espíritu bien conoce y que sabe que es la única que puede ofrecer al hombre la respuesta que realmente necesita.

El Evangelio tomado de Mt 13, 24-43, nos habla del Reino de Dios, el cual no tendrá una dimensión triunfal en la historia, ni tampoco una apariencia desbordante. Es más bien una pequeña cosa en este mundo; está oculto y amasado con los acontecimientos de la historia humana.

La imagen del trigo y la cizaña, destaca sobre las demás pues nos ayuda a enfrentarnos al misterio del mal. El trigo que es sembrado a voleo y sus cañas, nacen y crecen en manojos. La cizaña, está en medio de esas cañas, de manera que si intentamos arrancarla nos llevamos detrás las cañas de trigo. Esto indica que es necesario un gran cuidado con el mal. El trigo por otro lado, es, el hombre, que es lo importante para Dios, pues somos imagen suya y destinados a ser sus hijos. Hemos de estar vigilantes y atentos, pues de Dios nos viene la salvación.

Es por tanto, una visión del hombre la que nos ofrece el Evangelio. El creyente sabe, según ella, que es imagen de Dios y destinado a ser hijo en Jesucristo y esto es lo que estamos llamados a proclamar y a sembrar con nuestra vida y palabra.   

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