Domingo 12 T.O. Ciclo A

El Profeta Jeremías en la primera lectura nos muestra su estado interior. A él le hubiera gustado centrarse más bien, en asuntos referentes a la paz, el bienestar, las relaciones sanas propias de la Alianza de Dios con su pueblo, pero esta alianza se ha roto y el corazón del profeta también. En esta situación, no deja de tener la seguridad de que Dios no le abandona. Su petición de venganza, es propia de la antigua Alianza, hemos de esperar a la llegada de Jesucristo para que la cosa cambie y nos adentremos por el camino del perdón y de la misericordia que tanto hubiera deseado el profeta.

San Pablo da razón de este cambio que se ha operado con Cristo: Si por el delito de uno todos murieron, mucho más la gracia de Dios, hecha don gratuito ahora por medio de Jesucristo sobreabunda para todos. Con Cristo ha llegado un tiempo caracterizado por el perdón y la misericordia de Dios que nos viene por el don gratuito de su gracia. Pablo sabe que Jesucristo es el Salvador de todos, aunque no todos tengan ahora conciencia de ello. Todo valor humano, tiene sentido en él y por él.

Dios nos ha dado por medio de Jesucristo la posibilidad de una vida nueva que no termina con la muerte, sino que se transforma, de modo que ya no estamos sujetos a la muerte, nuestro antiguo enemigo, sino que quedamos libres para poder amar. El odio y la venganza han quedado superados por la misericordia y el perdón. Este amor es tan grande que llega a todos incluso a los que nos odian y persiguen.

Así pues, Jesucristo nos ha dado un corazón nuevo, capaz de amar y perdonar. Los discípulos saben además que Dios no nos abandona en la tribulación, por eso Jesús insiste: no tengáis miedo . Ahora bien, si la fidelidad a su misión, condujo al maestro a la Cruz, los que le siguen, no pueden dejar de esperar también una salida semejante a su tarea. Ese no tengáis miedo que Jesús repite una y otra vez indica también no tener miedo a dar testimonio con la propia vida, tanto de modo cruento como incruento. Martin Descalzo, que algunos recordarán, hablaba del martirio a plazos, ese que no se nota pero que está ahí.

Los apóstoles fieles a la enseñanza de Jesús, anunciaron que en Cristo se da la plenitud de Dios y la plenitud del hombre, el es el Mesías en el que se cumplen las esperanzas de Israel, pues en la cruz y en la resurrección el amor de Dios ha llegado a su plenitud, mostrándonos de este modo su poder.

El Evangelio es así buena noticia, pero también es escándalo para judíos y para griegos. Jesucristo liberándonos del pecado y de la muerte, nos ha dado nueva vida, pero hemos de permanecer en comunión con él reconociendo que lo que se opone a la Palabra (la raíz del pecado) está dentro de nosotros. Por tanto, procuremos que todo nuestro ser: el cuerpo el afecto el sentimiento, la historia, esté reconciliado, que el perdón y la misericordia sean nuestra fuerza. Entonces seremos fuertes en la verdad que es Jesucristo y allí donde suframos desprecio u oposición, podremos llevar la palabra del amor, fiándonos del Padre que a todos protege y salva.

La Eucaristía de cada domingo nos recuerda que Dios está con nosotros, que no nos abandona y que se hace alimento para nuestra vida. Para que encontremos la verdadera alegría y perdamos el temor.   

3 comentarios sobre “Domingo 12 T.O. Ciclo A

  1. Gracias Padre José por la homilía! Ciertamente la desaparición del temor en virtud de la fe nos devuelve la alegría. Alegría que se apoya en la confianza en Dios. Y lo del “martirio a plazos” que nos has recordado aporta comprensión a la vida cristiana, un despojamiento progresivo. Un abrazo hermano y que Cristo te cuide.

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  2. Efectivamente, el no tener miedo, porque Cristo ha vencido el pecado y la muerte es algo que tenemos que recordarnos siempre y que nos tiene que dar animo y fortaleza en todo momento. De lo contrario creo que somos como aquel paralítico de la puerta del templo que, asi estaba durante cuarenta años y así hubiese seguido si no hubiese pasado por allí Jesús. Dejemos que él nos pueda sanar y mostrémosle nuestro deseo y convicción de que puede hacerlo. Junto a esta verdad está también la verdad de que Dios no nos deja, por tanto, no tengamos miedo.

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